El desastroso sigilo de GTA Online me ha chafado Cayo Perico: me creí Solid Snake y no he olido ni un lingote de oro
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El desastroso sigilo de GTA Online me ha chafado Cayo Perico: me creí Solid Snake y no he olido ni un lingote de oro

Sabíais que terminaría sucediendo este día. Vosotros lo reclamabais y GTA Online me estaba dando pellizcos para que me diese cuenta de una santa vez. El asalto a Cayo Perico es uno de los picos más grandes dentro de los atracos que podemos realizar en Los Santos y he metido la pata totalmente hasta el fondo.

Ha sido uno de los reclamos más importantes en la historia del modo multijugador de Rockstar, me sentía totalmente atraído por su idolatría hacia el caos y, especialmente, esa majestuosa cantidad de dinero. Mi camino para dar el golpe del siglo en casa de Juan Strickler han resultado en un fracaso estrepitoso cuando tenía todo a mi favor.

Un capo muy casposo

Muchos me habéis dicho que dejase de hacer el canelo con trabajitos para Lamar, Gerald o el mafioso de tres al cuarto de la esquina del barrio. Me comentabais que cierto submarino es la clave para comenzar a acumular dinero hasta el punto de necesitar una cámara acorazada a lo Tío Gilito.

Os he hecho caso y me he puesto manos a la obra, pero casi patino sin haber comenzado a caminar. La primera tarea es entrar en The Music Locker, discoteca de alto standing situada bajo el casino de la ciudad. Como debo sufrir una ceguera severa, no se me ocurre otra cosa más que entrar por el interior.

El ascensor me indica que debo comprar el ático para acceder al tugurio y casi estoy a punto de hacerlo de no ser porque unos amigos me advierten de que se entra por el lateral del exterior. No, si al final me voy a merecer todas las desgracias que me pasan. Seguro que os ha pasado que habéis querido entrar en algún pub o discoteca y os han dicho que no podéis por no cumplir con los estándares de vestimenta.

Dios los lleve presos a todos, 150 dólares por darme paso y con descuento si llevo ropa sofisticada. No sé qué clase de problema tienen que vaya con unos tejanos que hace dos meses que no lavo, pero no importa. Miguel Madrazo me espera en un reservado la mar de particular.

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El tipo es un hijo de un capo de los gordos del mundillo latino y ni con esas logra escapar de una de las garras más terroríficas que existen: las de tu propia madre. Efectivamente, Patricia Madrazo, la señora de avanzada edad de la que estaba enamorado Trevor, no deja en paz al pobre muchacho.

No me queda claro qué clase de complejo de Wendy tiene esa señora, pero que deje respirar al chaval. Salir de fiesta con tu madre, habrase visto. Independientemente del inquietante séquito que le baila el agua, me comenta el plan.

Juan Strickler, mejor conocido como El Rubio, posee una isla en el mar de Colombia llamada Cayo Perico. Creyéndose poco menos que Pablo Escobar, ha robado información sensible de la familia Madrazo, así que me toca recuperarla por una buena suma. La primera descripción es que persigue a una supermodelo por la playa, montado en una pantera y disparando con una AK-47.

Eso es lo que me dice Dave, que va hasta las trancas de cierta hierba aromatizante y que no veía desde que abrí el Black Hole. Miguel no me permite distraerme y me lo deja claro. Sabe que tengo experiencia y para este trabajo necesita al Equipo-A. No sabe que acaba de contratar a H.M. Murdock.

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La vieja U.R.S.S. y la fiesta sin control

Momento de aflojar la pasta. Creo que es mi desembolso más grande hasta ahora y más le vale a GTA Online valga la pena. Con poco más de tres millones en la cuenta, suelto 2.200.000 dólares para hacerme con el Kosatka. Un dolor a pagar y por el que pretenden volver a meterme un sablazo descomunal.

Dejarlo bien decorado y como a mi me gustaría vale más que el vehículo en sí, pero dejo una bandera de Españita como única señal. No esperaba encontrar a nadie dentro y menos viviendo ahí, pero no puedo juzgar debidamente a Pavel. Él vivió durante la Unión Soviética, asegura que los años 90 fueron realmente duros y que quizás la droga le ha consumido.

Puede que más incluso que a un submarino que ya luce 20 años en sus remaches, lo cual me da unas buenas sensaciones que no se filtrará el agua en ningún momento. Mecánico, piloto y mi hombre de confianza a partir de ahora. No ha estado enrolado en la KGB, pero sus tatuajes hablan de un tipo duro.

Ahora sí, volamos a Cayo Perico para conocer al dedillo el terreno. Me espera en el aeropuerto Dave porque me ha colado como tour manager de la fiesta privada que ha montado El Rubio. Al parecer superviso un grupo de tecno, aunque no digo ni mu en ningún momento. Tremendo, está a punto de subirse el mismísimo Dr. Dre y no lo hace porque le han robado el móvil lleno de maquetas.

No esperamos a nadie y montamos un guateque descomunal en la parte de atrás de la aeronave. Si fuese piloto en esos momentos tendría serias dudas sobre si aterrizar directamente en el mar para acabar con todo. Strickler aparece nada más pisar tierra y es el mejor anfitrión posible, lo cual me hace levantar las orejas al instante.

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Que si soy nieto de alemanes, que si la fiesta va a ser la leche, que si vamos a menear el esqueleto... me creería todo de no ser porque va rodeado de todo un ejército y asegura que en su casa, las reglas las impone él. No tengo por costumbre poner en duda la palabra de un dictador, así que me dirijo al fiestón privado que ha montado en la playa.

Mi rol será el de, cuando todo el mundo esté mirando para el DJ, deslizarme entre las palmeras y colarme en el resto de Cayo Perico para ver qué encuentro. Me preparo para mi momento en la barra del bar a base de chupitos de vodka y whisky, así que cuando me interno en la jungla veo cocos dobles.

He aquí donde el presagio de mi triste final comienza a producirse. El sigilo de GTA Online es insoportablemente torpe. No te puedes creer el maldito Sam Fisher en Splinter Cell porque tu personaje lo que entiende por ir en sigilo es inclinar un poco la espalda hacia delante. Pero es que a mí me encantan los juegos de sigilo, así que me empeño en seguir ese método.

Me voy colando poco a poco entre los guardias, desbloqueo una torre de control como si fuese esto un Far Cry y pirateo las cámaras del complejo. Dave tendrá más cocaína en sangre que glóbulos rojos, pero no mentía. El tarado de Strickler tira a su ayudante a la jaula de la pantera para que lo devore, es un auténtico chalado.

Observando por la red de seguridad descubro muchísimo dinero, oro y cajas fuertes, lo cual me hace babear sin control. Reviso más zonas para escapar, puntos de interés relevantes y me doy el piro de vuelta a Los Santos. A todo esto, Dave se queda porque dice que Cayo Perico es el único lugar del mundo en el que no deja de nevar. Hay gente que quiere vivir siempre en la Navidad.

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Manos a la obra

No llevo ni diez segundos en Los Santos y ya me están atracando el negocio de marihuana, pero esta vez no me van a pillar con la guardia baja. Me hago con mi Kuruma bien blindado y me deshago de todos esos hijos de una hiena que querían hacerse con las plantas. Ahora sí, es turno de preparar uno de los golpes más complejos de todos.

Hay una serie de tareas obligatorias y otras tantas opcionales, así que vamos a ir por partes. En primer lugar he de hacerme con un sónar para el submarino, ya que acercarse a la isla sin que me detecten es fundamental. Me vienen otra vez a la mente los fantasmas del pasado con las batallas navales, que es posiblemente el mayor caos que haya en GTA Online.

Tras mucho insistir, logró colarme entre las defensas de Merryweather, me cuelo en otro submarino, me deshago de todos los mercenarios y pillo el sónar. Hago el viaje a la inversa buceando durante varios cientos de metros, pero consigo que no me pillen tres helicópteros que sobrevuelan el mar.

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Una vez hecho, tomo el peor desvío posible. En mi afán de no provocar bajas, ser una sombra y lograr una calificación de asesino silencioso a lo Hitman, opto por el pack conspiratorio. ¿Qué significa esto? Pues que llevaré un fusil militar, pistola del calibre 50, bombas adhesivas y puño americano.

Antes de desvelar las consecuencias de esta decisión, sigo en mi cruzada contra Merryweather. Les robo el material en un avión Avenger, les sustraigo detonadores y muchísimo material militar para que todo salga perfecto. Dejo un reguero de sangre detrás de mí, pero es el coste a pagar.

Soy un inútil planificando

¿Seguro que has revisado bien Cayo Perico? ¿Tienes todo lo necesario? Mensajes de advertencia que me lanzaba GTA Online y a los que no le hice caso. Y es que estoy tan confiado, con el pecho tan henchido y pensando en las hipotecas que voy a saldar que quiero hacer el golpe yo solo. Sin compañía, sin ayuda y sin tener que repartir el botín. La llama de la avaricia brilla en mis ojos.

Llego con el Kosatka a la costa y comienzo a bucear para llegar hasta la orilla. He decidido internarme de noche, mucho más sencillo dado que a los guardias les costará mucho más verme. Sin embargo, mi craso error tiene lugar en la forma de entrar en la mansión de El Rubio. No tengo más posibilidades que hacerlo de frente, con el pecho al descubierto y poniendo terrible bombazo en la puerta principal.

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A partir de ese punto, todo el plan de mi cabeza se va al carajo. Me pensaba que podría ir a lo Solid Snake internándome por Shadow Moses y me encuentro en mitad de una refriega cuyo único objetivo es que termine en una bolsa de plástico. No tengo el armamento necesario para defenderme, no conozco la zona y son casi las dos de la mañana mientras estoy jugando.

Solo quiero llevarme 1.100.000 dólares e irme a mi casa o a dormir, me da igual. Tengo las dos vidas para mí, pero cada vez que me matan, aparezco en la otra punta de la mansión y no me consigo orientar teniendo que cubrirme todo el rato. Tras morir una infinidad de veces, consigo llegar a la habitación de Strickler, pillar la tarjeta y activar el programa para imitar las huellas dactilares.

Lo resuelvo, aparezco en el sótano y... me mata un mercenario que no había visto. Bueno, no pasa nada reapareceré en... la entrada de la mansión. Este bucle se repitió demasiado, pero insisto en intentar conseguirlo. Llego a la caja fuerte, agarro los documentos de Madrazo y estoy listo para irme.

No sin antes recordar que me vine arriba y pensé que huir desde el aeródromo iba a ser espectacular. Ahora, tengo que ir hasta la otra punta de Cayo Perico sin coche, sin blindaje y hasta con los malditos monos intentando matarme. Me sumerjo en un bucle de desesperación, ya estoy en plena madrugada y las muertes se repiten de forma incesante.

¿Sabéis qué? Al diablo con todo, yo me voy a la cama. Ya replantearé en el futuro cómo encarar el golpe de Cayo Perico. Y me forraré, beberé champán y os invitaré a todos a la fiesta. Esta mina de oro va a ser asaltada, lo juro por Lamar Davis.

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