Crítica de Resident Evil: Oscuridad Infinita. Netflix reúne a Leon y Claire en la pequeña pantalla sin la esencia del cine de terror presente en los juegos
Análisis

Crítica de Resident Evil: Oscuridad Infinita. Netflix reúne a Leon y Claire en la pequeña pantalla sin la esencia del cine de terror presente en los juegos

¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en Resident Evil? Si te apasiona el cine, y dependiendo de la entrega con la que distes el salto a la saga, es posible que el Survival Horror de Capcom te evoque, incluso de manera inconsciente, el legado cinematográfico de George A. Romero, los conflictos a escala mundial de Roland Emmerich o el terror por que sí al estilo Wes Craven y John Carpenter.

El mejor ejemplo de ello es que Nemesis o Lady Dimitrescu tienen lo necesario para ser iconos del cine de terror. Pero, como la enésima serie para las pequeñas pantallas sobre armas biológicas, ¿qué opciones reales tiene la saga Resident Evil? La respuesta corta es que, pese al enorme despliegue y la notable implicación de Capcom en Resident Evil: Oscuridad Infinita, que conste de solo cuatro episodios de menos de media hora acaba pasando factura. Por suerte, también sabe aportar al fan de los videojuegos.

La saga Biohazard le debe mucho al cine y la televisión. Eso es indiscutible. Y con todos esos referentes cinematográficos de los que bebe de manera tan descarada, que se produjese una serie o películas era dar el paso natural. No obstante, Resident Evil: Oscuridad Infinita, la miniserie producida por la propia Capcom para Netflix, no hereda lo suficiente de la obra de Romero, Emmerich, Craven o Carpenter, y eso juega muy en su contra. Dicho lo cual, acierta al saber encajar y encontrar su  propio sitio dentro del universo Resident Evil. Al menos, a su modo.

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Oscuridad Infinita palidece en comparación los los videojuegos y su premisa queda muy compactada frente a las series de acción y thrillers con los que busca medirse. Esto no nos pilla de nuevas. Como comentamos, sus cuatro episodios de 25 minutos te obligan a medir mucho las escenas de acción y las pausas para generar algo más que tensión ante lo desconocido. Sobre todo, si se quieren introducir los elementos esenciales de una saga que siempre ha girado en torno a retorcidos experimentos que, además de salir mal, suelen derivar en situaciones de absoluto descontrol, violencia explícita y, finalmente, destrucción a gran escala.

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Con eso por delante, lo cierto es que da la sensación de que Resident Evil: Oscuridad Infinita es, en realidad, el cuarto largometraje animado por CGI de la saga (quinto si tenemos en cuenta Biohazard 4D-Executer) fragmentado en cuatro partes para encajar más y mejor con el modelo de VOD de Netflix. Y pese a que eso no es malo, ni debería serlo, se acaba condicionando la mayor flaqueza de la serie: un ritmo irregular al servicio de una trama a la que le cuesta horrores despegar y todavía más calar en el espectador.

Porque Resident Evil: Oscuridad Infinita no termina de ser un capitulo esencial dentro de la cronología de Resident Evil, y eso que el propio Presidente de los Estados Unidos es uno de los protagonistas secundarios y se nos lleva a las puertas de una tercera guerra mundial, pero hay que reconocer que saber cumplir con otro objetivo: reencontrar al Leon curtido y curado de espantos de Resident Evil 4 con la Claire más temeraria desde Code Veronica. Y, en el proceso, introducir la saga todavía más al gran público a través de uno de los capítulos perdidos de Resident Evil.

Los zombis asaltan la Casa Blanca. Por suerte, Leon y Claire andaban de paso

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A Leon S. Kennedy no le quedan nada bien los trajes, y él es perfectamente consciente de ello. Pero uno no puede vestir de cualquier modo cuando es invitado a la Casa Blanca por el mismísimo Presidente de los Estados Unidos. Que un par de años antes haya salvado a su hija en España no le exime de esta clase de protocolos.

Leon no es el único superviviente a una matanza zombie citado en el 1600 Pennsylvania Avenue de Washington: Jason, el héroe de Penamstan durante la Guerra Civil del año 2000 y antiguo líder del equipo de fuerzas especiales Perros Rabiosos, así como la agente federal Shen May han sido convocados por el Presidente Graham para tomar parte en una delicada crisis de seguridad en la que está trabajando el propio Secretario de Defensa.

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Lo que ninguno de los citados sabe es que, justo en ese momento, varios sujetos infectados con las mismas características de los zombis de Racoon City han iniciado un asalto a la Casa Blanca sorteando las medidas de seguridad. La pregunta ya no es cómo ha llegado la infección ahí, sino quién está detrás de este ataque al Presidente, y el Secretario de Defensa tiene muy claro dónde encontrar la respuesta: en China. Más concretamente, en un centro de investigación de Shanghái que deberá ser investigado. Eso sí, de manera no oficial.

Mientras tanto, Claire Redfield, quien sobrevivió junto a Leon a la crisis y posterior destrucción de Raccoon City, emprende su propia investigación. La activista de TerraSave ha descubierto información que relaciona los acontecimientos de la Casa Blanca y la reciente Guerra Civil de Penamstan con un macabro plan capaz de convertir a civiles y soldados en armas biológicas.

Mientras tanto, la tensión entre Estados Unidos y China está a punto de estallar, desatando consecuencias a nivel internacional, y los acontecimientos bélicos de Penamstan, la nación fronteriza con la gigantesca República Popular de Asia, tendrán un impacto directo en las relaciones entre ambas naciones.

En mitad de este caos a escala global, algunos aprovecharán para tomar la justicia por su mano. Otros, desean que la verdad salga a la luz a cualquier precio. Hay quien tiene intereses políticos y bélicos que se ven fortuitamente beneficiados por esta serie de acontecimientos y, en el ojo del huracán, un Leon y una Claire dispuestos a recurrir a métodos poco ortodoxos, pero realmente efectivos, para detener un conflicto a gran escala que parece inevitable.

Resident Evil: Oscuridad Infinita, el capítulo perdido de la saga Biohazard

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A diferencia de Castlevania o Detective Pikachu, la serie de Resident Evil: Oscuridad Infinita no es una adaptación de un videojuego. De hecho, su principal reclamo es el modo de ofrecer una historia jamás contada localizada entre los acontecimientos de Resident Evil 4 y la quinta entrega de la saga. Elaborada, todo sea dicho, con un CGI espectacular equiparable al usado en las superproducciones de Capcom. Palabras mayores, teniendo en cuenta sus últimos lanzamientos.

Como detalle curioso, la versión en castellano devuelve a Claire y Leon las voces de Ana de Castro y Lorenzo Beteta respectivamente. Tras su excepcional participación en el remake de Resident Evil 2, era la mejor elección, y en el proceso se asienta más y mejor el espíritu y el gran propósito detrás de Oscuridad Infinita: extender el universo canónico de Resident Evil más allá de los videojuegos.

Precisamente, en el cambio de medio (del videojuego al formato serial animado) encontramos uno de los talones de Aquiles de Resident Evil: Oscuridad Infinita. No existe la tensión implícita de cada entrega, ni tampoco un desarrollo y evolución de los personajes centrales. A fin de cuentas, y en este último aspecto, cuando lanzas una historia intermedia entre dos entregas publicadas hace más de una década no conviene tocar mucho las cosas.

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Por otro lado, se da por hecho que el espectador conoce a Leon y Claire de Resident Evil 2, Code Veronica y Resident Evil 4. Hay diálogos que evocan esos juegos de manera explícita, pero pasando de puntillas por los acontecimientos. Sin embargo, el foco principal de la historia acaba estando en los nuevos personajes introducidos:

  • Por un lado, un Jason (sin apellidos) cuyas secuelas de la Guerra Civil de Penamstan pasan a marcar los tiempos de cada uno de los cuatro episodios.
  • Por otro lado, una Shen May que no solo debe lidiar con los acontecimientos a gran escala que están a punto de sacudir el mundo, sino con sus propios motivos personales.

Como comentamos al principio, que Capcom haya tomado las riendas del proyecto de manera directa, involucrándose en el desarrollo de la historia y en cómo incluirla en el puzle argumental de Resident Evil, es un acierto que no tarda en dar sus frutos: no se trata ni de una versión edulcorada y para el gran público de la exitosa saga de Survival Horrors ni tampoco de una visión  original al servicio de las productoras y grandes casas Hollywoodienses.

De hecho, los fans de la saga verán escenas, situaciones y escenarios que son puro Resident Evil: registros de casas aparentemente abandonadas, incidentes letales en espacios muy reducidos a punto de volar por los aires, laboratorios en los que no se trama nada bueno... Y no se puede decir que no haya zombis, tiroteos y hasta un Final Boss en pantalla.

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Pero, claro, el precio a pagar en Oscuridad Infinita es la ausencia total de aquello que más o menos ha definido la propia saga: se aparcan sus raíces con el cine de terror para ofrecernos un thriller que, si bien no va sobre ruedas, no logra generar una huella en el espectador. Pese a que, como decimos, en lo visual es espectacular y sabe integrarse muy bien dentro del universo Resident Evil. Dos hitos en sí mismos.

Resident Evil: Oscuridad Infinita nunca fue uno de los platos fuertes del 25 aniversario de la saga de Capcom, pero hay que reconocer que funciona como excusa para volver a reunir a Leon y Claire en pantalla. Dos personajes que apenas pasan minutos juntos a lo largo de la miniserie, pero que consiguen extender un poquito más el legado de aquel policía novato que llegó tarde a su primer día de trabajo y a la hermanísima de Chris Redfield que vuelve a demostrar que es un personaje al que le queda muchísimo que aportar.

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Quizás, con episodios de más minutos o una temporada más larga se podía haber llevado más la trama del Thriller y sus clichés, de los esquemas argumentales altamente usados al estilo Tom Clancy, al género del Terror y la esencia de la serie B que tan bien le sienta a los experimentos biológicos de Capcom. Eso ya no lo sabremos.

Pero, al final, toca quedarnos con lo que  Resident Evil: Oscuridad Infinita realmente es: un capítulo perdido de la historia de Leon y Claire. No su mejor historia, desde luego, pero al menos una que los obliga a vaciar cargadores y pelear como gato panza arriba. Y eso siempre es sinónimo de espectáculo.

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