Elden Ring y God of War Ragnarök me han jodido la vida: la horrible sensación del “¿Y ahora qué?”
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Elden Ring y God of War Ragnarök me han jodido la vida: la horrible sensación del “¿Y ahora qué?”

Se han escrito muchas publicaciones a lo largo de los años sobre cómo evoluciona la industria del videojuego: la calidad de los juegos, modas, refritos, remasterizaciones y remakes, secuelas y precuelas, franquicias que se estiran como chicles, el ritmo de lanzamientos, los retrasos…

Queda claro que hay lectura para rato. Hoy quiero traer a la mesa mi experiencia sobre algo he sentido más de lo que me gustaría durante los últimos años: la angustia del “¿Y ahora qué?”

Elden Ring y God of War Ragnarök me han jodido la vida

2022 ha sido un año increíble. Elden Ring y God of War Ragnarök son dos obras de arte que aspiran a un merecidísimo GOTY. El premio será tan justo como injusto, pues ambos deberían ganarlo. Se vuelve a repetir el evento de 2018 con God of War y Red Dead Redemption 2, y ya quedó claro que no podemos marcarnos unos Juegos del Hambre.

He acumulado 200 y 50 horas en Elden Ring y God of War Ragnarök respectivamente. En ambos casos tengo completado el 100% del mapa y a Ragnarök le he sacado el Platino. Elden Ring se me resiste con dos trofeos pertenecientes a dos finales… ya caerán. Y puedes echar un vistazo a las guías de VidaExtra (Elden Ring / God of War Ragnarök) si te quedan dudas de mi locura.

Ambos juegos son muy especiales para mí. Me han marcado. No exagero al decir que cuentan con un lugar muy, muy especial en mi corazón junto a God of War (2018), Death Stranding, The Witcher 3 Wild Hunt y The Division. Vivir así los videojuegos es como estar enamorado, de verdad que no exagero: resulta muy bonito mientras dura y un infierno cuando termina.

¿A qué juego después de esto?”, esa horrible sensación

Sé que un buen número de personas sabéis de qué estoy hablando. Todos los juegos tienen una cantidad de horas antes de decidir que ya nos ha dado todo lo que podía darnos, que toca descansar. Varía según la persona. Con Elden Ring y God of War Ragnarök me pasó a sus 200 y 50 horas respectivamente.

Lo que viene después de estas experiencias de amor y éxtasis constante es un profundo vacío. Yo suelo tomar dos caminos:

  • Volver al juego de siempre, que en mi caso suelen ser The Division 2, Destiny 2 o algún modo campaña como la trilogía Metro.
  • Tomar una mala decisión.

Todos tenemos un juego de siempre, uno que siempre está ahí cuando no sabes qué jugar, cuando quieres pasar las horas o solo te apetece echar el rato con el cerebro apagado. Está bien. El problema son las malas decisiones: te tiras a los brazos de cualquier juego que crees que va a hacerte sentir algo nuevo. ¡Puro drama crepusculiano de amor!

Mis malas decisiones después de Elden Ring y God of War Ragnarök fueron Outriders y The Order 1886. Outiders es crimen doble porque lo rejugué. Directo al muro en ambos casos a sabiendas de que me iba a estampar. Era OBVIO que estaba tomando malas decisiones. Los dos títulos tienen sus cosas buenas, pero seamos sinceros: no dan la talla. A pesar de eso, los acabé.

Y justo ahí, cuando estaba borrando la mala decisión de mi PS5, llegó el momento: "¿A qué juego ahora?". Una hora, una tarde, un día… Miras la Biblioteca de PSN, Game Pass, Steam y compañía, resistiendo para no sacar la cartera y tomar otra mala decisión, en busca de algo a lo que jugar. Tienes juegos para hundir dos barcos, pero no hay nada. Nunca lo hay.

Y finalmente, lo aceptas…

Los tiempos varían, pero al final siempre llego a la misma conclusión: “no voy a jugar. Mejor me tomo un descanso”. Los siguientes días suelen ser un festival de películas, series y documentales mientras la PS5 pilla un poco de polvo. “No eres tú, soy yo”, pienso mientras la miro.

Al final, la mala decisión es un paso más en el inevitable camino hasta el descanso y/o la vieja confiable, el querido, segundo plato o juego de siempre; llámalo como quieras. En mi caso fueron algunos Assassin's Creed pendientes y Metro Redux (2033 y Last Light) por... ¿Sexta vez?

¡No le quites valor a los juegos de siempre! Te ayudan a seguir adelante después de haber vivido experiencias sobresalientes. No todo puede ser sobresaliente porque sino nada sobresaldría. Es el precio a pagar por la excelencia. Lógica sin fisuras.

¿A dónde quieres llegar con todo esto, colega? A que Elden Ring y God of War Ragnarök me han jodido la vida. Soy un yonqui de las emociones que me hacen sentir estos videojuegos. Me cuesta recobrar el equilibrio. ¡Suerte que Evil West ya está aquí y The Callisto Protocol a la vuelta de la esquina!

Cuesta abajo y que le jodan al freno

La industria va muy rápido. Los lanzamientos se suceden a un ritmo vertiginoso, más cuando hay retrasos y se acumulan… pero nosotros tampoco pisamos el freno. No es un problema mientras puedas recobrar el equilibrio, pero ciertamente es una tarea de gestión.

Me gusta asemejarlo con el amor porque creo que es muy similar: hay emociones y experiencias que dejan un vacío al acabar. Gestionar cómo llenar esos vacíos es una cuestión que debe resolver cada uno y seguro que The Order 1886 no es la respuesta al mazazo de God of War Ragnarök.

Sí, Elden Ring y God of War Ragnarök me han jodido la vida y no puedo ser más feliz ni estar más agradecido… aunque admito que los días posteriores a acabarlos son muy tristes. Y pese a todo, ¡deseando que llegue el siguiente mazazo! Hasta entonces estaré pegando tiros en Evil West tranquilito y sin agobios. No más The Order 1886 en una temporada, lo prometo.

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