Street Fighter 2010: The Final Fight. Capcom lleva la lucha de las calles al espacio exterior en uno de los videojuegos más difíciles de la historia
Análisis

Street Fighter 2010: The Final Fight. Capcom lleva la lucha de las calles al espacio exterior en uno de los videojuegos más difíciles de la historia

Lo creas o no, Capcom dio continuidad a la marca Street Fighter en la NES antes de que se desatase el fenómeno mundial que revolucionaría los videojuegos. ¿Una secuela original no legítima? Más bien, algo muy diferente: Street Fighter 2010: The Final Fight es una ramificación perdida dentro de la archiconocida saga. Un juegazo cargadito de acción cyberpunk que tiene lugar en un distópico y no tan lejano futuro alternativo: el año 2010.

Un año antes del debut de Chun Li, Blanka o Zangief en los salones arcade y tres años después de que Ryu le dejase un no tan bonito recuerdo a Sagat en el pecho, el ex-campeón de artes marciales conocido como Ken inició una espectacular cruzada interplanetaria dedicándose a patear traseros de cyborgs, eliminar alienígenas y, en última instancia, atajar a la desesperada una amenaza emergente conocida simplemente como los parásitos.

Un Ken que, cómo el mismísimo RoboCop, es mitad humano mitad máquina; y que tras dejar atrás su pasado como luchador callejero decidió prestar sus muy particulares habilidades para el combate y otras ganadas a base de implantes y mejoras a la Policía Galáctica bajo el nombre en clave de Valentine Type MX-5.

Un vengador intergaláctico que lucha sin quitarse las gafas de sol, determinado a limpiar diferentes mundos de poderosas amenazas y seres capaces de aniquilar especies enteras. Y, a efectos prácticos, el protagonista de uno de los juegos de acción más difíciles y estrictos a los controles jamás publicados para la 8-bits de Nintendo.

Porque Capcom ya nos acostumbró a los desafíos con en NES con Ghouls ’n Ghosts o Mega Man. Toda una generación de jugadores se acostumbró a ese estándar de dificultad. Pero con Street Fighter 2010: The Final Fight se le fue mucho la mano, Mucho. Sus combates acrobáticos, el sistema de progresión y la intensidad con la que atacaban los enemigos requerían una maestría con el mando solo al alcance de los más viciados y aquellos dispuestos a sacrificar las yemas de su pulgar izquierdo. Algo que no ha cambiado con el paso de los años.

Ken, de luchador callejero a vengador interplanetario

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Es el año 2010 y los viajes espaciales son una realidad. Durante años, la humanidad se ha dedicado a explorar el cosmos y establecer contactos con nuevas formas de vida, adquiriendo tecnología y conocimientos que han transformado por completo la sociedad. Sin embargo, ni todas las especies alienígenas son pacíficas, ni todos los terrícolas tienen buenas intenciones.

Nuevas fronteras, sí, pero también nuevos problemas. Complicaciones a escala interplanetaria. Y es justo ahí donde entra la jurisprudencia de un grupo de élite simplemente conocido como la Policía Galáctica. Sin embargo, incluso ésta se ha visto superada por una nueva amenaza vírica conocida como los parásitos. Un ser que se apodera de cuerpos vivos y los provee de un exoesqueleto insectoide de enorme capacidad destructiva.

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A grandes males, grandes soluciones. El policía cibernético Ken, quien una vez participó en el torneo Street Fighter y antiguo campeón de artes marciales de Estados Unidos, ha recibido el encargo de detener la creciente amenaza de los parásitos, enfrentándose a ellos planeta a planeta a través de un sistema de portales que conectan los diferentes mundos conocidos.

Ken tiene intereses personales puestos en esta misión: los parásitos se cobraron la vida de Troy, su mejor amigo desde sus años académicos. Lo que el cyborg policía no sospecha es que esta cruzada motivada por la venganza y la supervivencia de la propia humanidad le llevará a enfrentarse a los seres más poderosos del universo conocido y, finalmente, descubrir una verdad que hará cuestionar su propia existencia.

Lucha acrobática, golpes cósmicos y reflejos cibernéticos

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Street Fighter 2010: The Final Fight es un juego muy difícil de encasillar. Si bien, la acción es el elemento predominante, el término que mejor define la experiencia de juego sería la lucha acrobática: nuestra premisa, en esencia, es eliminar todos los enemigos que nos salgan en pantalla, sobrevivir a sus ataques y, finalmente, cruzar el portal que aparecerá en el escenario antes de que éste se cierre.

Para activar el portal, el cual solo estará abierto diez segundos, deberemos atravesar escenarios plataformeros de varios niveles. En algunos el scroll de la pantalla es un riesgo añadido y otros están convenientemente cerrados, pero todos ofrecen cornisas, plataformas colgantes y lugares a los que colgarse mientras reducimos todo lo que se mueve en pantalla. Una sucesión de alienígenas, mutantes y parásitos que sirven de aperitivo para la aparición de un poderoso enemigo equivalente al clásico Final Boss.

Dicho lo cual, lo que hace interesante Street Fighter 2010: The Final Fight, más allá de sus niveles o sus flamantes temazos que irradian la esencia de la NES, es la movilidad y el sistema de ataques de Ken: como comentamos, los combates son acrobáticos, de modo que deberemos esquivar muy bien los ataques mientras tomamos la iniciativa proyectando ráfagas de puñetazos.

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De hecho, calcular bien los saltos, saber dar volteretas o dominar los escenarios a base de aprovechar cada superficie es absolutamente esencial. No solo tendremos que tener reflejos para no recibir daños, sino una destreza especial a la hora de colocar golpes efectivos y atacar con mucha precisión. Incluso en los enemigos menos potentes.

Sin embargo, hay un elemento adicional: esta versión cibernética de Ken posee la capacidad de actualizarse al obtener ciertos Power Ups, lo cual le permite extender el alcance de sus proyectiles, aumentar su daño o adquirir la habilidad de dar una patada voladora mientras ejecuta un salto mortal hacia atrás.

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Nuestro héroe puede mejorar hasta cinco niveles, pero si recibe un golpe perderá una mejora además de la salud; y si pierde toda la salud comenzará el mismo nivel con las habilidades base. No es que quede indefenso precisamente, pero la partida se nos hará cuesta arriba hasta volver a tener una capacidad ofensiva más o menos decente.

Elementos que, combinado con una insistencia y una predisposición de los enemigos muy ofensiva, convierten Street Fighter 2010: The Final Fight en uno de los juegos más desafiantes jamás hechos para la NES. Eso sí, una vez dominas la movilidad, el resto de clásicos de acción en 8-bits serán poco más que un paseo y, de manera casi inevitable, terminarás echando de menos el repertorio de ataques acrobáticos en otros juegos similares.

Un Street Fighter fuera de la saga de lucha ambientado en un 2010 que nunca fue

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A diferencia de Super Mario Bros. 2, los acontecimientos de Street Fighter 2010: The Final Fight no son una mala pesadilla del Ken que todos conocemos. Sin embargo, ambos juegos tienen tres elementos en común: las versiones japonesas se pasaron con la dificultad, las versiones americanas aprovecharon con descaro el éxito de otras sagas y pese a que se hizo una localización completamente absurda, a nadie le importó lo más mínimo en su día.

A partir de aquí hay que hacer un inciso obligado: siendo realmente justos, Street Fighter 2010: The Final Fight, lanzado en Japón como 2010: Street Fighter, en realidad no tiene vínculo alguno con la saga de lucha de Capcom o los juegos relacionados con su universo como Final Fight o Rival Schools. Lo más parecido a un nexo lo encontramos en un par de fichas de los personajes principales creadas recientemente por la propia división japonesa de Capcom a modo de curiosidad y que, a efectos prácticos, no cambian nada.

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Sin embargo, la Capcom USA de en 1990 no dejó pasar la oportunidad de aprovechar el rebufo del Street Fighter original de 1987 (o su versión casera, Fighting Street) y el propio Final Fight a la hora de localizar el juego para Estados Unidos y, en el proceso, atar ciertos lazos -de manera descaradamente ambigua- con ambos juegos dejando entender que el protagonista era el propio Ken tras ser sometido a numerosos implantes cibernéticos.

Es más, si hoy nos vamos a la eShop y vemos la ficha de Street Fighter 2010: The Final Fight para la Consola Virtual de 3DS o Wii U veremos la siguiente descipción.

Ken, el personaje de la serie Street Fighter™, protagoniza este juego de disparos de desplazamiento lateral. En esta ocasión se ha transformado en un ser biónico con la misión de vengar la muerte de su amigo. Los alienígenas se han apoderado de un suero que da poderes sobrehumanos, y Ken deberá pararles los pies luchando contra ellos de planeta en planeta.

Dicho lo cual, hacer malabarismos con los nombres y el trasfondo de los personajes fue algo muy habitual en NES y más todavía por parte de Capcom. A fin de cuentas, la división americana originalmente dejó en el aire el género de Poison, le cambió los nombres a tres de los cuatro jefazos de Street Fighter II y localizó para occidentes nombres de sagas archiconocidas como Mega Man (Rockman) o Resident Evil (Biohazard). Y nada de eso trascendió en su día.

Lo curioso aquí es que la localización de Capcom USA introdujo una gran serie de cambios que van más allá de dejar caer una conexión entre el Street Fighter de las recreativas y Street Fighter 2010. Para empezar, el personaje protagonista ni siquiera se llamaba Ken, sino Kevin Straker. Y ojo, que su mejor amigo tampoco se llama Troy, sino que en la compañía de Osaka tuvieron a bien llamarlo Dr. Jose.

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Y ahí no acaba la cosa: el trasfondo de la historia, la sucesión de acontecimientos y el inesperado final del juego fueron completamente acomodados para la ocasión por Capcom USA tanto en el manual como en los textos en pantalla. En lo jugable, las dos versiones de Street Fighter 2010 eran idénticas, pero lo curioso es que cada juego contaba una historia diferente.

¿Con cual nos quedamos? Bueno, eso ya depende de cada jugador. Si bien, el juego jamás llegó a territorio europeo en físico (en el viejo continente solo fue editado para las Consolas Virtuales de Nintendo), cada uno es libre de abrazar la trama que más le apetezca con una única excepción: Capcom ha dejado claro que, como ocurre con Mike de Street Fighter, el Ken de Street Fighter 2010 no es el mismo personaje de la archiconocida saga de lucha.

Street Fighter 2010: uno de los videojuegos más difíciles de la NES

Capcom ha llevado Street Fighter II a prácticamente todas las consolas. De la SNES a la Game Boy pasando por las 3DO. El exitazo de las recreativas ha sido publicado, entre entregas a medida y recopilatorios, hasta cuatro veces en Nintendo Switch y no nos atrevemos a descartar que vayan a salir al menos dos revisiones más en los próximos años. Y, sin embargo, la secuela a medida de NES es uno de los grandes olvidados de Capcom y la 8 bits de Nintendo.

Porque Street Fighter 2010: The Final Fight, la que a todos los efectos es primera secuela oficial de Street Fighter (de hecho, Final Fight es otro juego que ambientado en el mismo universo) ni siquiera aparece en los libros de arte de Capcom y los recopilatorios oficiales de la saga.

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Si no fuese por la Consola Virtual el legado de Street Fighter 2010: The Final Fight habría quedado en el olvido. Y pese a que su dificultad es maquiavélica, que no se le haya dado cierta continuidad a ese universo es una lástima: su propuesta de juego es valiente y atrevida, su música demuestra lo buenos que eran los músicos de Capcom a la hora de exprimir las posibilidades de la NES (a la altura de las B.S.O. de Mega Man y Ducktales) y supo aportar ideas muy interesantes para una consola a la que en 1990 ya se le había dado el relevo generacional en Japón.

Sí, Capcom publicó un Street Fighter en NES incluso antes de lanzar Street Fighter II. Antes de que la saga alcanzase ese éxito abrumador que incluso derivó en la existencia de incontables clones no oficiales del pelotazo de las recreativas para la NES. Pero, como dijimos, Street Fighter 2010: The Final Fight no es ni una continuación del original (pese a lo que dijese Capcom USA en su día) ni un Spin Off, sino otra cosa.

Una experiencia de lucha acrobática lo suficientemente diferente a Street Fighter para que no haya conexiones más allá de su propio título. Pero también lo suficientemente interesante, original y desafiante como para merecer una nueva oportunidad.

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