DuckTales, la quintaesencia del plataformeo en 8-bits
Análisis

DuckTales, la quintaesencia del plataformeo en 8-bits

Solo hay una cosa mayor que la avaricia de Gilito McPato: su espíritu aventurero e indomable. Lo cual, sumado a su legendaria destreza con el bastón y la complicidad con sus traviesos sobrinos, le convertirá en el pato más rico del mundo. Una premisa sencilla, desde luego, fiel a la serie Patoaventuras y, por extensión, al gran clásico de Capcom para la NES: DuckTales.

Porque DuckTales no es la enésima propuesta plataformera que se beneficia del tirón comercial de una serie animada: es un juegazo atemporal. Uno de los máximos exponentes dentro del privilegiado catálogo de la 8 bits de Nintendo, desde luego, pero también una maravilla que se palpa a los controles y se corona a través de su soberbia banda sonora. Y lo mejor de todo: sabe dejar estupendas sensaciones. Calar entre los jugadores de cualquier edad.

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Palabras mayores, teniendo en cuenta que un año antes llegó Super Mario Bros. 3 a las Famicom niponas. Sin embargo, el peso de Ducktales en el catálogo internacional de NES es incuestionable. Y no es una cuestión subjetiva: la experiencia plataformera de Patoaventuras superó con holgura el millón de copias vendidas y se posicionó como el juego de Capcom más exitoso en las sobremesas de 8 bits de Nintendo.

Y ahí no quedó la cosa: su impresionante adaptación a medida para Game Boy replicó ambos hitos. Un port que replicaba con maestría todo el encanto de la NES acomodándolo a las diminutas pantallas de 160x144 pixeles. Sacándoloe todo el partido a sus cuatro tonos monocromos y, en el proceso demostrando que cuando un juego es realmente bueno la tecnología o el hardware es algo secundario.

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¿El secreto? ¡Ninguno! Toda la excelencia de DuckTales se manifiesta a través de la primera partida.

Sin embargo, hay dos cosas especialmente palpables que marcan la diferencia: el toque y la experiencia del equipo responsable de la saga Mega Man, y el modo en el que Capcom los pone al servicio de la magia y el encanto de los personajes de Disney.

Una "pato-aventura" al estilo Capcom

¿Quién no conoce a Scrooge McPato? El multimillonario tío del mismísimo Pato Donald está a solo un paso de convertirse en el pato más rico del mundo. O, más bien, a cinco tesoros.

Más concretamente, el Cetro del rey Inca que se oculta en el Amazonas, la moneda del reino perdido custodiada en Transilvania, el cetro de la Tierra, la corona de Genghis Khan del Himalaya y, por extraño que parezca, un trozo de queso verde que otorga la longevidad y que se encuentra en la Luna.

Cinco reliquias que, lógicamente, ya están en el punto de mira del Tío Gilito.

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Lanzado en 1989 para la NES, Ducktales es una aventura de plataformas con una característica muy poco común: sus niveles no son lineales y puedes jugarlos como quieras y en el orden que quieras.

Dicho de otro modo, en lugar de desplazarnos de izquierda a derecha, siguiendo la fórmula tradicional, deberemos explorar cada uno de los cinco escenarios de arriba a abajo y de lado a lado. Sorteando toda clase de peligros y, en el proceso, llenándonos los bolsillos de diamantes.

DuckTales es una maravilla que se palpa a los controles y se corona a través de su soberbia banda sonora

El toque de los creadores de Mega Man se manifiesta en los aspectos clave de Ducktales. Cada pedacito de nivel pone a prueba nuestra destreza sin llegar a ser frustrantes o exigentes. Invitándonos constantemente a descubrir qué hay al subir una cuerda o al atravesar plataformas suspendidas en el aire.

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Por otro lado, las rutinas de nuestros enemigos están calculadas para que estemos constantemente en movimiento bajo las reglas esenciales del género: tres impactos nos costarán una vida extra.

La quintaesencia del plataformeo en 8-bits

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En este aspecto, una de las grandes genialidades de DuckTales es su formidable equilibrio de jugabilidad y dificultad. El Tío Gilito no ataca de manera directa ni atiza con su bastón, pero puede rebotar sobre él para disponer de un salto que le concede una enorme movilidad y, de paso, derriba a casi cualquier enemigo.

Lo cual no quita que debamos ser mínimamente cautelosos a la hora de ejecutar nuestros saltos o afinar el rebote para no acabar escaldados o en caída libre.

Porque, en esencia, el rebote de bastón de Gilito se posiciona como la mecánica central de DuckTales y su seña de identidad como experiencia plataformera. Algo tan sencillo y lleno de posibilidades que es toda una genialidad.

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Además de lo anterior, y esto es realmente interesante, los responsables de la saga del Blue Bomber de Capcom nos permiten escoger fase desde el comienzo de la partida con un matiz: si encontramos a Joe McQuack, nuestro piloto de confianza, podremos regresar al menú de selección de nivel para seguir avanzando en otros escenarios.

El rebote de bastón de McPato es tan sencillo y lleno de posibilidades que resulta toda una genialidad

Y tiene su porqué: para hacernos todos los tesoros deberemos obtener llaves u otros objetos concretos y llevarlos de una fase a otra. Incluso habrá algunos tramos en los que se nos pedirá haber reunido una cantidad concreta de diamantes para seguir avanzando.

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Por delante, fases elaboradas con un detalle sensacional, montones de cameos de personajes de la serie animada, incluyendo los tres sobrinos y los golfos apandadores; y referencias muy directas y acertadas a capítulos concretos que no pasan desapercibidas. Se nota que desde Capcom hicieron los deberes en este sentido.

Eso sí, donde más brilla su apartado artístico no es en su magistral pixel art, consiguiendo mucho y muy bien con muy pocos píxeles, sino en su banda sonora. Cada nivel irradia sintonías originales y absolutamente pegadizas.

Posicionando merecidamente a DuckTales como uno de los juegos con mejores temas musicales de la NES, sino el mejor. Y, para muestra, aquí tienes 15 minutazos de juego en los que nos vamos con el Tío Gilito desde el Amazonas a la Luna.

Mención muy especial a su duración y rejugabilidad. Si bien, como juego, DuckTales se puede completar en una o dos tardes, de nuevo el diseño de niveles y desafíos entra en juego para extender la propuesta colmando al jugador de pasadizos secretos y algunos desafíos extra.

A fin de cuentas, si bien DuckTales logra aportar buenas sensaciones y un acertado toque de desafío a jugadores de cualquier edad, también sabe acomodar su experiencia a los jugadores más pequeños sin menospreciar sus habilidades. Sobre todo, partiendo de que, de inicio, se nos ofrecen tres niveles de dificultad.

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Sin embargo, el mayor triunfo de Capcom es cómo, pese a no ofrecer la opción de guardado de partida, DuckTales invita constantemente a rejugar la aventura. Incluso conociéndonos cada nivel al dedillo. Un efecto derivado de ofrecer una jugabilidad sensacional aderezados con temazos inolvidables.

12 aspectos inolvidables de Ducktales

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Más allá de la sensacional presentación y su logradísima experiencia a los mandos, el diseño no lineal de DuckTales como juego de plataformas hace que tramos concretos y detalles excepcionales acaben dejando una impronta especial en el jugador. En VidaExtra te hemos seleccionado una docena de ellos.

Joe McQuack al rescate

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Encontrarse con Joe McQuack en DuckTales es siempre una alegría: a través de él podremos volver al menú de selección de niveles al instante (algo muy útil si vamos justos de tiempo) o nos ayudará con los saltos más complicados.

Un detalle extra: a diferencia de la serie animada, El Tío Gilito viste de rojo como en los cómics. El motivo, en esencia, es que pudiese diferenciarse fácilmente de los fondos de escenario.

Bubba y el cuarto punto de salud

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Cuando llevas muchas partidas jugadas sabes perfectamente por qué nivel empezar: el Himalaya. Y el motivo es muy simple: uno de los primeros secretos del escenario lo encontramos casi a la entrada, permitiéndonos liberar al pequeño Bubba, el pato de la prehistoria de la serie animada.

Lo interesante de esto es que, a modo de recompensa, Bubba nos permitirá obtener un punto de salud extra que conservaremos durante todo el juego. Posiblemente, el mayor tesoro de todo el juego.

El selector de niveles: esa genialidad

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El diseño no lineal de niveles de DuckTales nos permitía empezar por dónde quisiéramos y, con la excepción de las Minas de África, explorar a conciencia hasta consumir todo el tiempo. Un doble acierto si ya nos hemos pasado decenas de veces el juego y simplemente queremos ir a un escenario en concreto.

Lógicamente, el selector de niveles de la versión de Game Boy era mucho más modesto en presentación que el de NES, el cual nos mostraba un colosal ordenador con radar incorporado y, por no perder la costumbre, los dos símbolos del dólar en grande. Justo como le gustan al Tío Gilito.

La ofrenda de 300.000 dólares

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Llegado el momento, para continuar avanzando en el juego nos veremos ante un ídolo de piedra que reclamará a McPato la cantidad de 300.000 dólares para poder pasar. Una manera curiosa de incentivarnos a recoger todos los diamantes que nos aparezcan por el camino. ¿Se tratará de algún antepasado de Gilito?

La llave está en Transilvania

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Existe una curiosa excepción a la hora de movernos con libertad entre escenarios: si empezamos por las Minas de África nos toparemos casi de inmediato con una cerradura que nos impedirá ir más allá. Curiosamente, la llave está en el castillo de Transilvania, con lo que seremos teletransportados automáticamente a ese nivel. Incluso si ya lo hemos superado.

Jefes Finales inspirados en la serie de televisión

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Si bien Capcom fue especialmente fiel a la hora de llevar los aspectos de la serie al videojuego, se tomó varias licencias a la hora de recrear en Sprites algunos de los jefazos finales, incluyendo un reimaginado Pato Drácula que luce más como una versión sombría de Gilito. Lo cual, por otro lado, es un cliché en los juegos de aventuras.

La familia McPato y amigos dicen presente

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Scrooge McPato es el incuestionable protagonista del juego, pero DuckTales no se olvida del resto del clan McPato: los sobrinos estarán repartidos por todo el mundo dando pistas sobre muros falsos o instrucciones para seguir. Además, veremos secundarios frecuentes, como la Sra. Beakley o el mismísimo Pato Aparato.

Rebotar en la nieve es un problema

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Una vez dominado el sistema de saltos con bastón, algo que no nos llevará demasiado, lo normal será desplazarse a base de rebotes por todo el juego. Al menos, hasta que nos de por viajar al Himalaya: si aterrizamos con el bastón no solo nos quedaremos atrapados en la nieve, sino que además estaremos expuestos a cualquier enemigo.

Referencias a Indiana Jones, como debe ser

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¿Qué videojuego de aventuras pasaría la oportunidad de hacerle un guiño a Indiana Jones? Desde luego, Ducktales no, y a lo largo del juego veremos tres o cuatro secuencias que nos llevan directamente a los mejores momentos de las películas del canalla de Indy.

No se vayan todavía: ¡aún hay más!

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Los cinco niveles de DuckTales tienen una duración muy medida, desde luego. Sin embargo, como es de esperar, el juego no acaba con la obtención de todos los tesoros: Scrooge deberá ganarse el reconocimiento de pato más rico del mundo superando una prueba final en la que participarán sus mayores enemigos: Mágica y Doroteo Empedernido.

El dinero no da la felicidad... pero es capaz de desbloquear diferentes finales

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Para sorpresa de nadie, una vez completemos el juego McPato acaparará todas las portadas y aparecerá en todos los medios, proclamándose como el pato más rico del mundo. Sin embargo, incluso con todos los tesoros obtenidos, el final del juego dependerá de cuánto dinero hayamos recogido a lo largo de la aventura.

  • El final normal aparece al superar el juego con cualquier cantidad de dinero.
  • El final bueno aparece al superar el juego con 10.000.000 de dólares
  • Finalmente, el final malo aparece al acabar el juego sin tener un solo dólar.

¿Cómo es posible terminar el juego sin dinero? Básicamente, haciendo uso de otro truco: al pulsar el botón Select podremos canjear 3.000.000 dólares por puntos de salud. Algo que nos puede salvar la partida y, en el proceso, mostrarnos el tercer final del juego.

Unas palabras finales dignas del Tío Gilito

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Quizás la trama argumental tenga un peso menos relevante en la experiencia DuckTales, pero Disney supervisó todo el juego minuciosamente e introdujo varios cambios en las versiones en desarrollo. Algunos de ellos menores, como la sustitución de crucifijos en los ataúdes de Transilvania por las siglas R.I.P. y otros referentes a las líneas de diálogo.

El más interesante de todos los cambios viene de las palabras de McPato una vez terminado el juego. Capcom quiso darle un puntito de humanidad  al Tío Gilito diciéndole a sus sobrinos que lo más importante no era el dinero, sino los sueños y los amigos. Algo que fue corregido en la versión final, afirmando:

¡En efecto! No lo hubiese conseguido sin vosotros. Ahora sí que soy el pato más rico del mundo

No te sabríamos decir cual de las dos frases es la más acertada, pero definitivamente, ese es el Tío Gilito que todos conocemos.

El legado de DuckTales: secuelas, remakes y un cameo muy especial

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Si bien Ducktales fue el primer juego de Disney producido por Capcom (previamente publicó Mickey Mousecapade de Hudson Soft), aquello fue el inicio de un legado conjunto sensacional que incluyó nuevos títulos para Nintendo basados en prácticamente todas las series animadas del Club Disney.

En NES y Game Boy destacan Chip'n Dale: Rescue Rangers, Top Spin o Darkwing Duck, mientras que en el Cerebro de la Bestia se pudo disfrutar de un Goof Troop en el que tomó parte Shinji Mikami (Resident Evil) o el mítico Aladdin de SNES.

Algunos de estos juegos consiguieron transmitir la misma magia Disney de DuckTales y otros, quizás, se quedaron a las puertas. Eso sí, cuando en 1993 Capcom publicó DuckTales 2 en una NES que estaba en su ocaso, el juego no pasó desapercibido. Una secuela en la que todo lo bueno del original decía presente y, en el proceso, el viejo de McPato había aprendido algún que otro truco nuevo.

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¿Una secuela a la sombra del original? Siendo justos, el DuckTales de 1989 llegó en el momento perfecto. La serie animada estaba en un momento excepcional, al año siguiente se estrenaría el largometraje y, además, supo canalizar la esencia de los clásicos de NES. Mientras que la secuela llegó a las estanterías en plena batalla de consolas de 16 bits.

Desde entonces, Disney supo sacar partido al clan McPato, en especial del Pato Donald, a través de los videojuegos con experiencias de acción plataformera o simpáticas aventuras para todos los públicos. Y, pese a ello, DuckTales seguía teniendo un lugar privilegiado entre los jugones.

Lo suficiente como para que en 2013 la propia Capcom, junto con WayForward, lanzase un exquisito DuckTales: Remastered, un remake total del juego de NES que, a su vez, tenía nuevos lazos con la serie de animación.

A su modo, DuckTales: Remastered sirve como homenaje al clásico de 1989, recuperando las voces originales y, en un mismo movimiento, expande el original de NES en cuestión de contenidos. Aderezando el conjunto con una presentación sensacional en el que se palpa la devoción por el cartucho y la serie animada.

Y, sin embargo, el mayor hito del clásico DuckTales es cómo, del modo más inesperado, un pedacito muy especial del juego de Capcom acabó llegando a la serie animada tres décadas después.

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Pongámonos en situación: en marzo 2019 se emitió uno de los episodios más esperados de la nueva serie de Patoaventuras: el reboot animado de Disney presentó al personaje de Della Duck, la madre de los sobrinos de Donald, la cual había estado durante años sin poder escapar del único sitio en el que Gilito McPato no la buscó: la Luna.

Que pudiese vivir -y respirar- en el satélite de nuestro planeta tiene su propia explicación atada a los videojuegos: tras estrellar su nave espacial, Della consiguió hacerse con una tira de Oxi-Chew, el chicle de Ungenio Tarconi (también conocido como Gyro Gearloose o Giro Sintornillos) que permite vivir en el espacio.

Un invento muy loco, pero -como verás más abajo- también el primer guiño a los videojuegos de Patoaventuras.

Oxichew

Sin embargo, lo interesante del capítulo no son las referencias visuales o los guiños del propio guión, sino su apartado sonoro. A lo largo del capítulo Della tararea alegremente -y se escucha de fondo- el tema del nivel de La Luna del juego de DuckTales de Capcom.

¿Mucha casualidad? Ahora viene lo mejor: Della conoce esa canción porque en realidad esa icónica melodía: era una nana que le cantaba a sus futuros hijos, los traviesos sobrinos de Donald.

Así, 30 años después y de manera oficial, la propia Disney puso letra a una de las piezas musicales más exquisitas de la NES.

Como comentamos, DuckTales no es un plataformas cualquiera con estética de 8 bits: es uno de los mayores tesoros dentro del generoso catálogo de NES. Uno de los mejores ejemplos de la maestría que Capcom alcanzó en el que posiblemente sea el inicio de su época más prolífica.

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DuckTales es la quintaesencia del exquisito estilo plataformero que definió los 8-bits, y su estela sigue muy viva en juegos actuales como Shovel Knight o Cyber Shadow. Alumnos aventajados de una época muy especial para los videojuegos, y herederos -a su modo- de Gilito McPato.

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