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Super Princess Peach, un alegre cambio de papeles para la serie de Mario Bros. con buenos cimientos para una secuela
Aventura - Plataformas

Super Princess Peach, un alegre cambio de papeles para la serie de Mario Bros. con buenos cimientos para una secuela

El rol de la Princesa Peach no siempre ha sido el de una indefensa damisela en apuros. A día de hoy, de hecho, es todo lo contrario: su presencia en las sagas plataformeras de Mario Bros. y sus spin-offs de carácter deportivo o festivo la han convertido en una celebridad del videojuego por méritos propios. Una luchadora en toda regla de Super Smash Bros. y, tras varias aventuras junto a Mario, en la protagonista de su propio juego.

Eso no quita que Bowser o el villano de turno sigan aprovechando la desastrosa seguridad que hay en el Castillo de Peach para secuestrarla y dejar el Reino Champiñón en estado de caos. Y no es la única víctima del salvaje vandalismo de su reino: a Mario también le ha tocado pasar por esas en Luigi’s Mansion 3, sin ir más lejos. Sin embargo, la trayectoria plataformera de Peach es especial.

Ya desde los tiempos de Super Mario Bros. 2 (conocido como Super Mario USA en Japón) la propia Nintendo nos presentaba a una princesa cuyo enorme y rosado vestido no era obstáculo a la hora de sortear trampas y enfrentarse a enemigos. Es más, le confería ventajas únicas frente a los hermanos Mario. Un concepto que, casualidad o no, se afianzará y sumará nuevos matices años después en Super Princess Peach para Nintendo DS.

Antes de que Toad protagonizase sus propias aventuras y algo después de que Luigi iniciase su carrera como cazafantasmas a la fuerza, la princesa del reino Champiñón tuvo su oportunidad de brillar en los tiempos de la Touch Generations de la Gran N a través de su propio juego de acción y plataformas. Una aventura para todos los públicos y, a la vez, hecha a medida para el personaje.

¿La trama? En esencia, Bowser sigue queriendo darle uso a sus calabozos, aunque rara vez esto ha sido un problema: una nueva amenaza surge a raíz de la maldad, el tiempo libre y un poderoso cetro que el rey de los Koopas se muere por poner a prueba. Una crisis habitual en el Reino Champiñón con un matiz: esta vez le tocará a Peach rescatar al bueno de Mario.

Un giro total al tópico de la princesa desprotegida, pese a que no está exento de clichés en otros aspectos: como juego, en Super Princess Peach los fans de Nintendo se sienten como en casa - tanto en el buen sentido, como en el no tan bueno- a lo largo de sus ocho mundos, retomando ideas de los clásicos nintenderos y un aspecto que no tardamos en asociar a otros grandes títulos plataformeros.

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Pero también aportando divertidas novedades jugables diseñadas para la ocasión. La mayoría de ellas relacionadas con Brillita, una suerte de co-protagonista del juego que, además, es la mar de resultón. 

Peach (y Brillita) en el foco principal: un plataformas Made in Nintendo

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Técnicamente, Super Princess Peach no fue el primer juego producido por Nintendo en el que la princesa de la serie Super Mario recibía todo el protagonismo, dado que ese honor pertenece a Princess Toadstool's Castle Run, una maquinita de LCD promocional de McDonald’s presentada bajo la forma de un reloj de muñeca. Lógicamente, su segunda aventura en solitario es mucho más interesante.

Lanzado en 2006 y presentado bajo un tono humorístico muy en la línea de la saga Mario y Luigi, Super Princess Peach nos lleva a la nueva residencia veraniega de Bowser ubicada en la isla Sensa. Una isla que, según el propio juego, no está demasiado alejada del reino Champiñón, aunque apenas se habla de ella.

¿Qué se le ha perdido al canalla de Bowser allí? En la isla de Sensa se oculta un poderoso artefacto: el Sensacetro, un misterioso artilugio capaz de controlar las emociones. Un arma lo suficientemente poderosa como para que sus tropas se infiltren en el Castillo de Peach y puedan vencer sin apenas recibir resistencia a todos los que se encontraban dentro. Incluidos Mario, Luigi y Toad.

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Por suerte, la Princesa Peach se encontraba dando un paseo en ese momento.

Antes de emprender su misión de rescate, el veterano Maestro Kinopio ofrece a Peach una singular ayuda: una sombrilla con vida propia que responde al nombre de Brillita y que nos vendrá de perlas para fulminar enemigos, resolver puzles, deslizarnos a través de cualquier medio y, con las suficientes monedas, incluso podremos convertirla en un submarino con la que surcar las fases acuáticas.

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Si bien es inevitable ver en perspectiva que el rol de Brillita acaba siendo parecido al del muy posterior Capy de Super Mario Odyssey, la propuesta de juego de Super Princess Peach tiende constantemente lazos con los anteriores grandes éxitos plataformeros de Nintendo: el diseño de varios niveles y el comportamiento de los enemigos va muy en la línea con la serie de Yoshi, sus mecánicas de juego están muy en sintonía con la serie Super Mario Bros. e incluso veremos alguna que otra fase que nos recordará inevitablemente a Kirby o Donkey Kong Country.

Todo aderezado con un pixelart sencillo pero muy resultón en el que las cuidadas animaciones de sus sprites, las muy suavizadas transformaciones y cambios de tamaños o las acertadas transiciones de scroll y entre fases a dos pantallas son el reflejo de la maestría alcanzada por Nintendo en cuestión de plataformas.

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Dicho lo anterior, ¿es Super Princess Peach una constante sensación de deja vu? Además de sus alocados y coloridos jefazos finales de enorme tamaño, podremos ir desbloqueando poco a poco toda clase de habilidades para Brilli. Sin embargo, la novedad estrella está en el sistema de emociones al que tendremos acceso desde la pantalla portátil.

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Si bien el juego no ofrece power-ups como en la serie principal de Super Mario, a base de cristales podremos recargar una barra que aparece bajo el indicador de corazones de salud y que nos permitirá acceder a las ventajas de hasta cuatro estados anímicos:

  • La alegría nos permitirá flotar en el aire con relativa libertad y dar una suerte de giros estratégicos en el aire. Un estado perfecto para alcanzar las zonas imposibles.
  • La tristeza hace que Peach llore exageradamente, regando la flora y haciéndola crecer de manera especialmente ventajosa. Además, aumentaremos enormemente nuestra velocidad al correr.
  • La rabia envolverá a nuestra heroína en un halo de fuego capaz de incinerar enemigos. Y no solo eso, también la hace muy resistente al calor. Además, sus aterrizajes serán demoledores.
  • La tranquilidad, finalmente, recupera poco a poco corazones de salud. Como los anteriores, este efecto consume de manera gradual la barra de ánimos, con lo que deberemos dosificarlo durante los primeros compases del juego.

Nintendo supo aprovechar la combinación de las posibilidades de Brilli y los cuatro estados anímicos de nuestra protagonista para ofrecer ocho mundos variados y coloridos cuya dificultad de cara al jugador curtido brilla por su ausencia, pero con una muy interesante rejugabilidad que reposa en una barbaridad de secretos y desbloqueables que exigirán nuestra observación y tener que alternar entre las habilidades de la sombrilla y Peach.

A lo que hay que sumar, como es habitual en los juegos de Nintendo, varios extras en forma de tres minijuegos, varios rompecabezas, galerías de música y otros añadidos que, puestos en conjunto, dan un extra de valor al juego.

¿Lo suficiente como para que juegue en la misma línea que los títulos de la saga principal de Super Mario? Desafortunadamente no: la sencillez de sus niveles convierte a Super Princess Peach en un juego perfecto para los que no están demasiado habituados a los plataformas y un colorido paseo para todos los demás.

Lo cual no quita que, haya suficientes elementos y una formidable base para que Peach merezca iniciar su propia serie.

Super Princess Peach no brilló en su día, pero tiene buenos cimientos para una secuela (o un reboot)

La Princesa Peach nunca ha pasado demasiado tiempo en su castillo y cada vez es menos frecuente encontrarla en el de Bowser: títulos como Super Mario Run o Super Mario 3D World no solo la hacen compartir aventuras con los hermanos Mario sino que -como en Super Mario Bros. 2- le dan un muy agradecido punto de variedad a la experiencia de recorrer los coloridos niveles imaginados por Nintendo.

Con todo, nos encontramos con una situación singular: mientras Super Mario Maker 2 ofrece a los fans de Mario la posibilidad de explorar las infinitas posibilidades de las fórmulas clásicas de los juegos de plataformas, las más recientes entregas de Yoshi, Kirby o Donkey Kong han cuajado de maravilla entre los jugadores de Switch.

Lo suficiente como para considerar volver a reunir todos los elementos clave de estos cuatro títulos en una nueva aventura que irradie humor y magia nintendera. Una secuela de Super Princess Peach. O una puesta al día integral.

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Super Princess Peach no brilló tanto como otros títulos de plataformas lanzados en Nintendo DS por diversos motivos. Entre ellos, su escasa dificultad. Pero la base jugable mostrada en la portátil de dobles pantallas ofrece enormes posibilidades a día de hoy. Sobre todo, si Nintendo las canaliza para crear un metroidvania de corte clásico que sirva de contrapunto al muy anhelado Metroid Prime 4. Todavía más si es para jugar a dos Joy Cons.

Doy por sentado que juegos con características similares hay a patadas en la eShop, aunque la lista de juegos que igualan la maestría que Nintendo ha demostrado sobre el género es muy, muy corta. Por lo pronto, la base jugable y la idea están ahí. Al igual que el potencial para lanzar una nueva serie (o saga)  por derecho propio.

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Una nueva hornada de títulos plataformeros con el encanto jugable de los clásicos de siempre y la sensación de que en cada tramo hay un secreto o es potencialmente un puzle. Con una cantidad enorme de habilidades, desbloqueables, enormes jefazos que nos obliguen a estudiar sus rutinas... Todo bien atado a un apartado artístico actual e irresistible.

¿Una segunda oportunidad para la Princesa Peach? Más bien, un conjunto de elementos demasiado interesantes como para dejarlos pasar, con el reclamo añadido de contar con una superestrella de los videojuegos como protagonista.

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