Gracias a GTA Online he sentido el viejo GTA San Andreas: fui a presentar mis respetos a un funeral y terminé robando cocaína
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Gracias a GTA Online he sentido el viejo GTA San Andreas: fui a presentar mis respetos a un funeral y terminé robando cocaína

Nunca jugué a GTA San Andreas. Miento, en realidad nunca tuve la mejor entrega de Rockstar hasta la fecha y por lo tanto jamás pude pasarme la mítica aventura de CJ. Evidentemente, varios amigos tenían en casa su copia de la PS2, pasándose por el arco del triunfo las recomendaciones del sistema PEGI.

Sí, hice mis pinitos volando con un avión robado, lanzándome en paracaídas, explorando un mapa enorme y desatando el caos, pero me falto penetrar realmente en ese mundo. Todo aquello me pareció una fantasía y no fue hasta GTA IV cuando conseguí disfrutar con la historia de Niko Bellic.

Los Santos no es sino un remake de la misma zona que podíamos visitar en GTA San Andreas, una puesta a punto perfecta, pero con una diferencia de más de 20 años dentro del juego. Sin embargo, el espíritu de pandilleros, de bandas, todavía se respira en la entrega actual. Eso es lo que me he encontrado en GTA Online, con inesperadas consecuencias.

Lamar y sus vainas

Este podría ser el resumen perfecto de lo que ha sido mi última aventura y de lo que tratará el resto del post. Lo reconozco, me caía como una patada en la entrepierna el maldito Lamar Davis en GTA V. No podía con él, era insoportable, inútil y con el coco lleno de serrín. Con todo, es el que me recogió en el Aeropuerto Internacional de Los Santos, así que le debo un mínimo de respeto.

Sobre todo si me ofrece alguna suma de dinero. Llamada tras llamada, insiste en que vaya a visitarle a Chamberlain Hills, zona de los suburbios, no muy lejos de donde vivían Carl Johnson, Big Smoke y compañía. En definitiva, me estoy internando en la actualización Lowriders de GTA Online.

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Lamar me cuenta que ha hablado con muchísima gente, pero que yo soy su última esperanza y que tiene un plan increíble gracias a que su cerebro va a la velocidad de un ordenador del Pentágono. Independientemente de los efectos de la droga en su cuerpo, me termina convenciendo. Aborrece la estética de plástico de los coches de la ciudad, una postura que comparto con él.

El taller que regenta junto con Benny, el mecánico, me seduce hasta niveles inimaginables. Hay mucho material con el que trabajar aquí y aunque tampoco es que se busque la discreción, noto unas vibraciones que encajan mucho más con las carrocerías que guardo en el garaje. Por tanto, para imponer un estilo superior, me aclara que debe presumir ante todos y solo los dichosos Vagos y Ballas se lo impiden.

Diantres, es como en los viejos tiempos. Realmente, GTA San Andreas no se ha ido a ningún lado y todavía se respira en GTA Online; solo hace falta saber dónde buscar. Quiere que monte un cirio descomunal entre los dos grupos y así poder reinar entre las cenizas, cual Gwyn de Dark Souls.

El show comienza y necesito juntarme con otros tres jugadores. El plan es sencillo: hacernos pasar por Vagos y Ballas, disparar a todo lo que se mueve y promover la destrucción.

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Feel like 90's

Me toca ser un Ballas junto a un compañero de Dios sabe qué parte del mundo. El idioma es común cuando hablamos de pistolas, así que nos montamos en un Vapid Chino personalizado (el cual prácticamente no llama la atención) y nos ponemos manos a la obra.

Sin orden ni concierto damos un paseo por las viviendas de Rancho y se produce lo que todos esperábamos: una masacre. Las balas vuelan aquí y allá, salvo por un pequeño y minúsculo detalle. Niños, jóvenes y adultos presentes en esta publicación, os voy a dar un consejo. Si vas armado a una misión peligrosa, es muy recomendable llevar munición hasta en los calzoncillos.

En caso contrario, quizás asoméis desde vuestra cobertura, oigáis el "clic" del gatillo sin respuesta y antes de que os deis cuenta estáis fichados en la morgue. Dicho esto, el plan resulta en todo un éxito y volvemos al taller. Aparece de nuevo Lamar para recordar las viejas glorias de la época gánster de los años 90, que en San Andreas este tipo de contiendas eran las habituales, por lo que las viejas tradiciones no deben perderse.

Se viene tan arriba que nos dice que nos quiere instruir, convertirse en un maestro para nosotros. Yo soy alumno del que me engorde la cuenta bancaria. Por ello, toca un nuevo encargo y esta vez tocamos terreno asiático.

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Todo es muy sencillo, tal y como vender unos coches a un grupo de surcoreanos mientras Lamar no para de repetir que yo soy un pájaro que está en la rama más baja del árbol. En consecuencia, todas las heces caen encima de mí. ¿Habéis quedado alguna vez por Wallapop para una compra/venta? Es un paraíso de cordialidad tensa, en el que algún defecto del producto puede mandar todo al mismísimo carajo y quedarte sin los 15 euros del radiocasette del trastero.

Todo va bien en el lugar de la reunión, de no ser porque los Ballas se han enterado del intercambio y deciden disparar en venganza. Perdemos los coches, el trato se arruina y Lamar aparece en un Albany Emperor para echarnos la bronca. Esta vez, la marihuana surte el efecto deseado y por azares del destino decide perdonarnos este flagrante error.

Harina parece, yeso no es

Me acuerdo de Gerald. Era de los pocos personajes en el GTA Online primigenio que te daba misiones. No eran gran cosa, recompensas pequeñas, pero en aquel diminuto mundo se sentían como un avance bestial. No me preguntéis por qué, ni cómo, pero el pobre ha sido capturado por Vernon.

No tengo ni pajolera idea de quién es, pero está claro que Lamar le ha enfadado y mucho. Ante tal situación, me toca hacer de caballería con otro jugador y sacarlo de las garras de la policía, dentro de un furgón blindado y custodiado en el aeropuerto. Casi nada.

Tuvimos un grave, y evidente, problema de logística, ya que no se nos ocurre otra cosa que ir al rescate con coches deportivos de dos puertas. Peor todavía es que no nos demos cuenta de la metedura de pata hasta que Gerald está dando vueltas por la pista de aterrizaje sin saber dónde meterse.

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Tras una dura reprimenda de Gerald en la que asegura que le pondrá la tibia de sombrero a Lamar y Vernon, damos por finiquitado el asunto. A pesar de ello, el nuevo rey sin corona nos pide un encargo más, al que debemos ir a presentar nuestros respetos.

Eso sí, antes de nada recibo 100.000 dólares por la promoción de Prime Gaming para GTA Online, lo cual agradezco con una sonrisa. Ahora sí, toca ir al funeral de Al, uno de los Vagos que matamos hace unas cuantas misiones. Una iglesia cerca de Sandy Shores, perdida de la mano de Dios, es el punto de reunión clave.

Grupo de cuatro para ir con unas pintas terribles al entierro. Parecemos sacados de un videoclip de principios de los 2000, con unos pantalones que no han pasado por el sastre ni una sola vez. Pero como Lamar es el que trae los trajes e insiste en la apariencia gánster de los 90, boca cerrada.

Yendo al funeral, Lamar nos cuenta la verdad. En realidad el entierro de Al es una tapadera para el contrabando de coca, porque los ataúdes de los coches fúnebres están hasta las trancas de polvo blanco. Todavía estoy saliendo de mi asombro cuando ya estoy caminando hacia la parte de atrás de la iglesia y viendo cómo los Vagos presentan sus respetos.

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¿Están tristes? Sí, pero la amargura les dura el tiempo que tardan en recordar que van cargados hasta las cejas con los féretros, lo cual deja un poco la camaradería a la altura del betún. Orden desde el pinganillo de Lamar, disparar a quemarropa con armas cortas, que no se pierda la clase ni en mitad de un tiroteo.

Tras asesinar a más personas que dedos tengo en el cuerpo, pillamos los coches fúnebres, dejamos detrás de nosotros una auténtica escabechina y entregamos a un muy animado Lamar los paquetes. No sé cómo he pasado de creer que iba a un acto de respeto a llevarme ataúdes llenos de cocaína. No tengo claro qué más tienen reservado Lamar y Gerald para mí, pero desde luego que GTA Online no ha dejado de sorprenderme.

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