Stadia era un Game Pass Killer, pero Google quemó una tecnología del futuro con un modelo de negocio del pasado.
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Stadia era un Game Pass Killer, pero Google quemó una tecnología del futuro con un modelo de negocio del pasado.

Puede que no haya nada más fuera de lugar que decirle a una gran empresa cómo debe hacer su trabajo, pero creo que nunca llegaremos a cansaremos de repetirle a Google el "te lo dije". Stadia tuvo en sus manos el futuro del videojuego, pero decidió seguir anclada en el pasado.

Poco más de tres años después de su lanzamiento, ahora la plataforma de videojuegos en la nube dice adiós para siempre a los que, hasta ayer, seguían confiando en que había suficientes razones para mantener la esperanza.

Stadia y el día de verano que lo cambió todo

Su ilusión con Stadia no estaba equivocada (de verdad que lo siento, Frankie), realmente había potencial y un excelente rendimiento, pero los únicos que debían tener fe en el proyecto y apostar por él fueron precisamente los que menos valentía mostraron.

Tenían la tecnología, el capital, la innovación y la atención del público. Ver un tráiler en Youtube, pulsar un botón y ponerte a jugar desde un navegador en cuestión de segundos. Se acabaron las consolas. Un simple mando, una buena conexión a internet, y el futuro que pronosticaban los asustaviejas de internet al alcance de un clic.

Consolas que estaban en desarrollo fueron canceladas, estudios se sumaron a la fiesta para ser los primeros en apoyar el proyecto, coleccionistas se planteaban el abandono de su mayor hobby y, más que probablemente, en Microsoft a alguien se le pusieron las gónadas de corbata frente a la competencia que podía suponer Stadia.

Más allá de lo bien que pudiese llegar a funcionar, la única duda que todos teníamos en la cabeza antes de saltar a comprar su mando era: ¿Cuál será el precio del servicio? Recordad que por aquél entonces Xbox Game Pass estaba en PC a 5 euros al mes. ¿Hasta qué punto el dinero infinito de Google iba a cambiar la industria del videojuego con una tecnología aparentemente rompedora?

La respuesta a cada una de esas preguntas se desveló un 6 de junio de 2019 y, con ello, todas las esperanzas que pudiésemos tener en el servicio se vinieron abajo. No sólo debías invertir en el mando y abonar una suscripción mensual de 10 euros para jugar en 4K, además debías pagar cada uno de los juegos que fueses a querer jugar en el servicio. Estrategia: pagar por todo.

Stadia

Lo suficiente no siempre hace honor a su nombre

Además de los pagos por licencia también habría opciones "gratuitas" para quienes tuviesen el servicio premium. El abanderado de esa esperanzadora vertiente fue un Destiny 2 que para entonces ya estaba más quemado que el palo de un churrero, pero estaba lejos de ofrecer un panorama ideal.

Con el historial de Google, la idea de invertir el dinero en los juegos de un servicio digital que el día de mañana podría acabar desapareciendo era, a todas luces, una decisión arriesgada.

Stadia podría haber funcionado en otra época, incluso con el modelo gratuito a 1080p en el que sólo debías pagar por los juegos que comprabas, pero Microsoft ya llevaba años poniéndonos el caramelo en la boca con sus decenas de juegos mensuales y grandes lanzamientos de estudios internos. Si Google quería entrar en el mercado, la única puerta abierta era mejorar lo presente.

Stadia

Lejos de invertir el dinero en un modelo de negocio similar, de echar toda la carne en el asador ya desde el principio, quisieron vender una tecnología del futuro con una estrategia del pasado. Y el tiempo no tardó en empezar a dar la razón a quienes arqueaban la ceja.

Poco más de un año después, tras sumarse varios insectos más a la mosca que ya llevaba un tiempo revoloteando detrás de la oreja (kits gratuitos, sin intención de explorar otros modelos de negocio), la mosca y los insectos dejaron paso a un kaiju imposible de obviar: Google cerraba todos sus estudios de desarrollo y los proyectos que estaban en camino.

El principio del fin de Google Stadia

Al dinero invertido en más juegos y estudios durante el primer año de vida de la plataforma, se sumaban todos los acuerdos posteriores para lanzar juegos de terceros que pudiesen ayudar a cubrir ese enorme hueco.

Decenas de millones de dólares (por juego) para apuestas como Red Dead Redemption 2, los últimos Assassin’s Creed o Resident Evil 7 y 8. 10 millones de dólares concretamente en estos dos últimos casos.

Sumemos todo eso y añadamos la creación de la plataforma, su promoción, el regalar cacharros a diestro y siniestro, los acuerdos con estudios que se han despertado hoy con un juego que estaban desarrollando ayer y no tendrá un futuro mañana (hay quienes lanzaban en un par de días y se han enterado por The Verge), los más que probables sueldazos de directivos que dejaron atrás a un ejército de trabajadores con los primeros cierres y pretenden hacer lo propio ahora con un batallón aún mayor…

Sumemos a esa ya de por sí ingente cantidad de dinero, todas las devoluciones que Google tiene que costear ahora a quienes sí confiaron en el servicio.

¿Tan descabellado era que Google Stadia explorase otro modelo de negocio? ¿Tan mal estaríamos ahora de haber apuntado a ser el Game Pass Killer en vez de una marcianada en la que pagar por máquina, suscripción y juegos? ¿Tan fuera de lugar estaba decirle a una empresa multimillonaria que no estaba tomando el camino correcto?

He apostando por el no a todas esas respuestas desde que aquél 6 de junio de 2019 lo cambiase todo para Stadia. A nadie le ha pillado por sorpresa porque, simple y llanamente, te lo dijimos, Google.

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