
No hace ni dos días veíamos alucinados cómo en Metacritic adoptaban una decisión un tanto extraña. Pasaban a puntuar las carreras profesionales de muchos desarrolladores actuales, elaborando una nota media de los juegos en los que habían participado, y provocaban un pequeño cisma entre la prensa internacional.
¿Cómo demonios podía alguien asumir que Kevin Levine estuviese mejor valorado que Miyamoto? El sistema estaba lejos de funcionar amén del montón de dudas que plantea. ¿Cómo se puede valorar la carrera de alguien con tan sólo un número? ¿Nos hemos vuelto locos? Imaginad lo “bien“ que ha sido aceptada la propuesta de Metacritic que hoy mismo han reculado. Las puntuaciones personales pasan al olvido. ¿Y los motivos?


Es curioso cuando un análisis sobre la actualidad videojueguera arroja datos que, más o menos, se corresponden con un pensamiento generalizado. Y es curiosa, también, la fama que están cosechando algunos publishers entre el sector jugón.
Metacritic es un sistema de puntuación que lleva tiempo codeándose de tú a tú con los grandes reports de ventas, en cualquier reunión que mantenga una desarrolladora. La nota que multitud de personas le ponen a cualquier videojuego, por muy falsa que pueda haber llegado a ser este año debido a los ataques troll, es considerada por las grandes multinacionales y tratada como un elemento a favor.
Son un ejercito imparable y caminan decididos a acabar con todo y con todos. Internet ha sido la gran revolución de las últimas décadas, ha aportado muchas cosas buenas y ha facilitado caminos y vías de comunicación entre personas que comparten afinidades. Aunque la cara oscura de la moneda la aporta el subidón de poder que han experimentado ciertos seres que, por alguna extraña ecuación cerebral, se dedican a sabotear todo el invento.


