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High Score: lo bueno, lo malo y lo que echamos en falta en el documental sobre la historia del videojuego de Netflix
Análisis

High Score: lo bueno, lo malo y lo que echamos en falta en el documental sobre la historia del videojuego de Netflix

Es complicado, casi imposible, condensar los inicios de la breve -pero muy intensa- historia de los videojuegos en seis episodios de algo más de cuarenta minutos. Pero reunir a varios de los nombres propios que levantaron la actual primera industria del entretenimiento para que compartan sus anécdotas y batallitas siempre es un acierto.

Un reclamo irresistible para los que vivimos esta pasión. Sobre todo, cuando se hace con el toque descaradamente desenfadado de High Score: El mundo de los videojuegos.

Netflix continúa estrechando vínculos con los videojuegos, y si bien no para de expandir su catálogo de series y películas con adaptaciones de lo más celebrado en PC y consolas, su última docuserie está protagonizada por héroes de la vida real: Roberta Williams, Nolan Bushnell, Yoshitaka Amano, John Romero… Incluso Charles Martinet, la voz de Super Mario (y medio reino Champiñón) forma parte del proyecto como narrador si apostamos por el audio en inglés.

High Score es un viaje de seis episodios que nos lleva desde los orígenes del icónico Space Invaders hasta el arrollador fenómeno de DOOM, permitiéndonos colarnos en la casa del legendario Richard Garriott (más conocido como ‘Lord British’ en la saga Ultima) o darnos un desenfadado paseo con Akira Nishitani y Akira Yasuda, los responsables del éxito de Street Fighter II. Una retrospectiva centrada en los pioneros de un medio nuevo.

Y pese a que hay historias que poco nuevo ponen sobre la mesa para los que peinamos alguna cana, incluyendo la de cómo aquella nefasta adaptación de E.T. El extraterrestre para Atari puso en jaque al mayor coloso de la industria por entonces, lo cierto es que merece la pena escuchar cómo Howard Scott Warshaw cuenta su versión de los acontecimientos. Asumiendo, claro, que es el peor videojuego de la historia.

Porque High Score: El mundo de los videojuegos es una sucesión de anécdotas del pasado que tocan temas muy actuales. Incluyendo el auge de los eSports, el nacimiento de ideas revolucionarias o algunos de los mayores faroles de la historia del videojuego. Y desde el primer minuto deja claras sus intenciones: en aquellos tiempos lo importante no era lo que estaba sucediendo en tu pantalla, sino lo que ocurría en tu mente como jugador.

La invasión de los marcianitos fue inevitable

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Cómo comentamos, High Score: El mundo de los videojuegos no es una retrospectiva al uso. Es, más bien, una reunión entre genios que, probablemente, no se conozcan entre sí. Quizás hayan coincidido y probablemente hayan cerrado tratos millonarios hace décadas, pero todos ellos tienen un rol en el legado de los videojuegos. Y lo que es casi tan importante: una lección que dar a los desarrolladores actuales.

Porque presenciar como Tomohiro Nishikaro, el creador de Space Invaders, te habla de su obsesión con la Guerra de los Mundos de H. G. Wells mientras saca una gastadísima carpeta con los dibujos originales de los invasores es algo que a todo el que se ha dejado los duros en las recreativas le produce una sensación especial.

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De hecho, ver los bocetos e ideas descartados de un bombazo que acabaría provocando la escasez de monedas de 100 yenes en Japón de la mano de su creador es un privilegio.

Veremos a los maestros Yoshitaka Amano (Final Fantasy), Naoto Ohshima (Sonic The hedgehog) y Akira Yasuda (Street Fighter II) pintando a sus personajes más queridos mientras nos regalan algunos de sus recuerdos y motivaciones. A John Tobias comiendo palomitas mientras ve una peli de Jean Claude van Dame y nos recuerda el nexo entre el actor belga y Mortal Kombat; y hasta Hirokazu Tanaka, creador de algunos de los sonidos más míticos de las consolas de Nintendo  pinchando música en una discoteca entre anécdotas.

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En este aspecto, uno de los máximos aciertos High Score: El mundo de los videojuegos es su pretensión de abordar el máximo número de ángulos posible dentro de cada temática. Desarrolladores, creativos, programadores, estudiantes universitarios que aprovecharon oportunidades millonarias, campeones de los primeros torneos de videojuegos celebrados en la historia y, de manera indirecta, hasta un par de anécdotas en torno al legendario Shigeru Miyamoto, el cual se escondía para fumar en la habitación donde se programaba Star Fox.

Historias contadas en primera persona, como la de Rebecca Ann Heineman, la primera campeona de un torneo oficial de videojuegos celebrado en Estados Unidos; y que invitan a ser revisionadas al encontrarte con que, tres episodios después, Chris Tang celebra su victoria ante 100.000 contendientes en Rock the Rock, un eventazo promocional del Sonic & Knuckles cuya final se jugó en La Roca de Alcatraz.

Las decisiones que los máximos responsables de Nintendo of America tomaban para obtener el éxito de los bombazos de Japón en un mercado post-Atari y cómo y el irrepetible Tom Kalinske lideró a SEGA of America para medirse de tú a tú con una Gran N que imperaba en el 95% del mercado de los videojuegos.

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Y, en el proceso, dar crédito a un olvidado Jerry Lawson que hizo posible las consolas de cartuchos intercambiables, siendo eclipsado por la poderosa Atari.

High Score: El mundo de los videojuegos aporta un poquito de todo a cualquiera que haya jugado a un videojuego y demuestra cómo la industria a veces también premia a los valientes, incluso en los momentos más delicados. Como la vez en la que Atari prefirió contratar a un par de estudiantes los que modificaban sus recreativas en lugar de arreglar las cosas en un juicio. O un brillante John Kirby que salvó a Nintendo de ser arrollada por la Universal (quién poseía los derechos de King Kong).

Y, claro, aquella vez que el loquillo de John Romero envió una nota de prensa para anunciar la llegada de un DOOM que todavía tenían que empezar a dar forma. Aquella no sería la última vez que hacía algo similar, desde luego. Porque hubo otros después, pero en los 90 el Rey del Hype era John Romero.

Pero no todo es bueno en High Score

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Como comentamos al principio, encajar todas las piezas de la historia del videojuego es prácticamente imposible. La buena noticia es que el proyecto ha sido llevado a cabo por el equipo de Great Big Story, cuyos vídeos hemos podido ver en VidaExtra más de una vez. Y eso supone una edición muy cuidada y, a la vez, una presentación excepcional.

De hecho, es un gustazo ver algunos de los momentos clave de la historia del videojuego, como el loco fichaje de John Madden por parte de Electronic Arts o el modo en el que Roberta Williams le vendió a su marido el concepto de su primer videojuego en clave de un divertidísimo pixelart.

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Sin embargo, si de algo peca High Score: El mundo de los videojuegos es que el formato de vídeos de seis a quince minutos que Great Big Story usa en su canal de YouTube o sus contenidos en redes sociales queda deslucido al intentar compactar tres, cuatro o cinco entrevistas e historias en un mismo episodio.

Tomando, por ejemplo, el episodio titulado Juegos de Lucha queda patente de que se trata de tres entrevistas muy bien realizadas a personalidades clave de Street Fighter II y el co-creador de Mortal Kombat. Sin embargo, durante un tercio de los 43 minutos que dura el propio episodio está dedicado a la aventura interactiva Night Trap. Y eso saca a relucir los puntos flacos de esta iniciativa.

  • Por un lado, el boom del género de los juegos de lucha se aborda casi de pasada. Centrándose en las anécdotas de los dos juegos sin llegar a entrar del todo en el verdadero tema del título.
  • Por otro lado,  las temáticas planteadas se acaban diluyendo en vivencias y experiencias de los creadores. En ocasiones, dando por supuesto aspectos elementales y otras desviándose del punto de partida. A veces, sin llegar a más conclusiones que la última anécdota contada.
  • Pero, sobre todo, el modo en el que se preparó cada entrevista.  A diferencia de otras docuseries en las que se entrelaza una misma conversación desde varios puntos de partida, High Score no logra que haya una suerte de conversación única entre los participantes. Pese a que el talento de Charles Martinet hilando cada parte del episodio es intachable.

Es decir, si bien el máximo aliciente de High Score: El mundo de los videojuegos es cómo nos invita a conocer a quiénes cimentaron la industria del videojuego a través de sus inspiraciones y anécdotas, quizás el formato más acertado para que luciese cada historia era darle su propio vídeo de diez o quince minutos, en lugar de un episodio conjunto de 40 minutos o más.

Y, para muestra de lo bien que funciona el formato individual, este brevísimo vídeo sobre el primer huevo de pascua de los videojuegos.

Porque, si bien, engancha y como serie se hace amena y entretenida. Tanto por su narrador como por las animaciones, lo cierto es que -como documental- algunos episodios, como Esto es la Guerra (que en teoría debería centrarse en la Guerra de Consolas de Nintendo y SEGA) todo acaba girando en torno al plan maestro de un brillante Kalinske, y acaba sin llegar a entrar en el verdadero quid de la cuestión.

Qué echamos de menos (y le pedimos a una segunda temporada)

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Pese a sus defectos, High Score: El mundo de los videojuegos logra ser ese desenfadado repaso a la historia del videojuegos que quizás no acaba llegando a la esencia de las temáticas que cada episodio se impone a sí mismo, pero cuyas personalidades implicadas consiguen hacerlo una alegre sorpresa para cualquier apasionado por el mundillo de las consolas, PCs y sistemas retro en general.

Por otro lado, la docuserie de Netflix es un ejemplo de que el que mucho abarca poco aprieta, y eso supone que se han quedado muchos puntos de vista fuera, pero también otros temas que -por otro lado- merecen entrar en una segunda temporada, en caso de que en Great Big Story se lancen a por ella. 

Sobre todo, cuando hay tantos temas que merecen mucho más que una mención o unos minutos. Incluso un episodio propio:

La historia del videojuego europeo

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Si bien los relatos recopilados por  Great Big Story nos ponen por delante personalidades de Estados Unidos y Japón, lo cierto es que el viejo continente es uno de los grandes ausentes. Sobre todo con hardware como el legendario ZX Spectrum o software como Populous de Peter Molyneux.

El fenómeno de las aventuras gráficas

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Si bien pudimos ver la entrada en la industria de Roberta y Ken Williams, lo cierto es que la ausencia de cualquier mención de la saga King’s Quest brilla por su ausencia. La  rivalidad entre Sierra y LucasArts y su manera de convertir las aventuras gráficas en experiencias inolvidables merecían su propio episodio.

Game Boy, la revolución de las portátiles

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Tras apariciones fugaces, en el episodio final de High Score: El mundo de los videojuegos la legendaria Game Boy nos es presentada como parte del proyecto que acabaría siendo Star Fox. Sin embargo, el juego en portátiles da para ríos de tinta. Y no será por falta de nombres propios, la Lynx de Atari, la Nomad y la Game Gear de SEGA...

La revolución de los juegos de estrategia

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La visión de Dune de Westwood Studios revolucionó el género de la estrategia tiempo real, derivando en joyas como Age of Empires, Warcraft o Command and Conquer. Eso, sin olvidar la maestría con la que Sid Meier se consagró años antes con un Civilization llamado a hacer historia.

Y, por qué no, el auge de PlayStation

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Niveles, el último episodio de High Score: El mundo de los videojuegos gira en torno a dos aspectos: la inmersión de los jugadores en los entornos 3D y cómo abordar el reto de hacer que las partidas online fuesen experiencias de juego tan interesantes como las offline. Incluso se hace una interesante mención a los mods. Tres aspectos que merecían un capítulo propio cada uno.

Sin embargo, en caso de continuar revisitando la historia del videojuego, la entrada en escena de la primera consola de Sony (y cómo Nintendo estuvo implicada indirectamente) merece la pena contarse de mano de aquellos que lo vivieron desde dentro.

High Score: El mundo de los videojuegos nos deja maravillosas sensaciones de nostalgia y una generosa ración de recuerdos y anécdotas con las que comprender más y mejor la industria que comenzó a forjarse entre visionarios, emprendedores, valientes y soñadores; y acabó convirtiéndose en el mayor entretenimiento de nuestro tiempo.

Una clase magistral que, sin llegar a cerrar del todo cada uno de los temas planteados, logra robar una sonrisa a cualquier apasionado por los videojuegos gracias al valor, la humildad, a veces la picardía y, sobre todo, el talento de sus protagonistas.

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