N-Gage

La industria del videojuego está llena de ejemplos de este tipo y algunos los conocemos todos. Dos compañías, de intereses bastante diferenciados, deciden unir fuerzas para asumir un objetivo comercial común y repartirse dividendos. Cada una aporta una serie de cosas de las que la otra carece y se consigue montar una especie de relación y de equilibrio de fuerzas que acaba con la repartición de dividendos… si la cosa sale bien. Si no sale, una de las dos acaba abandonando el barco y las dos, por separado, intentan reutilizar la tecnología desarrollada para otros productos.

Una de las míticas asociaciones tuvo lugar entre Nintendo y Sony justo cuando Nintendo preparaba una especie de lector de CD para la Súper Nintendo. Al final la cosa no acabó de cuajar y se rompió la sociedad dejando a Sony con una multimillonaria inversión y con tecnología desarrollada que acabaría dando nacimiento a la PlayStation. Mal no les fue y aunque la historia tiene muchísimos matices (algunos sostienen que la tecnología que utilizó era en realidad de Nintendo y no de la propia Sony) no evitó que años más tarde la compañía de la gran N se lanzase a por otro proyecto compartido. Esta vez con Nokia y mientras preparaba la consola portátil sucesora de la popular línea GameBoy.

Nintendo trabaja muchas veces en paralelo. Sus grupos de ingenieros desarrollan mil y una propuestas que la cúpula directiva se encarga de aceptar, rechazar o modificar considerando el público al que quieren dirigirse. De los muchos proyectos que mantienen a la vez sólo uno conseguirá llegar a la línea de meta y los demás se perderán por el camino aportando, eso sí, un valioso aprendizaje.

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