Retrospectiva de Twisted Metal, el infierno sobre ruedas de PlayStation que nunca logró despegar y que pide a gritos otra oportunidad
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Retrospectiva de Twisted Metal, el infierno sobre ruedas de PlayStation que nunca logró despegar y que pide a gritos otra oportunidad

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Halloween es un día perfecto para recordar Twisted Metal. Lo cierto es que valdría cualquier día, sobre todo sabiendo que PlayStation Productions está trabajando en una serie de esta sádica saga de conducción y ante la que se confirmó recientemente el fichaje de Anthony Mackie, a quién vimos hace pocos meses en Falcon y el Soldado de Invierno, entre otros proyectos de Marvel.

Twisted Metal siempre fue de nicho, igual que el propio género de los combat cars, donde tan solo unos pocos juegos tienen el privilegio de sobresalir, como Carmageddon o Vigilante 8. Pero el problema es que esta saga exclusiva de PlayStation fue demasiado irregular en PSX y sufrió varios lapsos en el tiempo hasta su última entrega en 2012 mediante el homónimo Twisted Metal de PS3.

Un payaso psicópata y otros dementes con ruedas

Twisted Metal

Sobre el papel la simple idea de mezclar la mecánica típica de los shooters con la velocidad era algo sumamente atractivo, aunque ni mucho menos Twisted Metal fue pionero de esta fórmula. Ahora bien, logró ser el catalizador de su resurgir en 1995 como uno de los primeros baluartes de la novedosa PlayStation de Sony.

Su control era tosco y limitado de entrada, pero llamaba poderosamente la atención por el camión de los helados de su portada con un payaso en llamas. No era el único personaje a escoger ni tampoco el único llamativo, aunque sí que es cierto que los demás eran bastante familiares: un vehículo militar, una moto, un coche de policía... Cada uno gozada de distintos parámetros ofensivos, defensivos o incluso de arma especial. Sí, un ataque único para cada uno de los personajes.

SingleTrac, el estudio que dio vida a Twisted Metal, trazó sus primeras directrices dejando claro que aquí íbamos a librar batallas contra un número variable de vehículos y de dificultad creciente, por supuesto. Por suerte, eso sí, por cada mapa podíamos recoger otra serie de armas, como minas o tres tipos de misiles. Y con la ametralladora de fábrica para todos los vehículos y con munición infinita.

En Twisted Metal no había que correr, sino destruir al rival. Podíamos recorrer cada uno de sus escenarios con total libertad y valernos de sus secretos para sacar partido de las mejores zonas para masacrar al rival o reponer nuestra salud.

Su secuela de 1996, conocida en Europa como Twisted Metal: World Tour, mejoró sensiblemente el control y potenció todo lo demás, logrando un éxito superior a su precursor (y para el que suscribe, uno de sus favoritos del género). La de horas que le habré echado, sobre todo en el mapa de París arrasando con el especial de Shadow, uno de los nuevos rostros de Twisted Metal 2. Porque a los clásicos Roadkill, Mr. Grimm, Spectre o Warthog, entre otros, se les unieron más indeseables, siendo bastante icónico Axel con sus dos ruedas gigantescas.

Curiosamente, aquí Sweet Tooth ya no formó parte del elenco inicial, sino que quedó reservado como jefe/personaje desbloqueable. Aunque para curioso, más allá de que Minion repitiese como otro de los jefes, estaba esa versión más grande y oscura de Sweet Tooth bajo el nombre de Dark Tooth. Un jefe duro de roer...

La decadencia de Twisted Metal en PlayStation

Twisted Metal 4

Que la citada secuela no solventase del todo ese control tan tosco que podía asustar a los no iniciados en la materia seguía siendo lo de menos sabiendo lo divertido que resultaba el juego jugando contra otra persona a pantalla partida. Además había muchos piques con el aumento de movimientos secretos, donde a la congelación del primero se le unían otros como un escudo, la posibilidad de realizar un salto o hacerse invisibles durante unos instantes, entre muchos más.

Eran movimientos muy a lo Mortal Kombat, como izquierda ~ derecha ~ arriba para hacer un ataque a lo Sub-zero. En este sentido, su máximo rival (Vigilante 8) hizo algo similar, pero para ofrecer variantes para las armas básicas. El mayor problema es que Twisted Metal se estancó a raíz de su secuela y con las dos entregas posteriores a cargo de otro equipo (989 Studios) su calidad cayó en picado, en parte por no usar el mismo motor de SingleTrac. Twisted Metal III fue un producto mediocre y Twisted Metal 4 logró remontar un poco el vuelo, pero tanto uno como otro se quedaron como juegos exclusivos de Estados Unidos.

Tampoco jugó a favor del tercer capítulo, publicado en 1998, que ese mismo año debutase precisamente el primer Vigilante 8 junto con el menos popular, pero altamente reivindicable Rogue Trip: Vacation 2012. ¿Y quién desarrolló este último? Sí, SingleTrac. El estudio que creó Twisted Metal en 1995. A partir de ahí empezó la decadencia de Sweet Tooth y compañía, aunque por suerte duró poco ese calvario y la saga tuvo un resurgir de lo más explosivo en 2001 para PS2.

Con Twisted Metal Black resurgió de sus cenizas

Twisted Metal: Black

Con SingleTrac echando el cierre en el año 2000, varios de sus componentes acabaron creando el estudio Incognito Entertainment, que fue precisamente el que se encargó del relanzamiento de Twisted Metal y bajo la sucesora de la primera PlayStation. Así pues en 2001 salió el mercado Twisted Metal: Black para PS2 y su recepción fue bestial, mejor que cualquiera de los cuatro capítulos anteriores.

Aparte del evidente salto gráfico, pero sin situarse entre los mejores de la consola, ni mucho menos, se potenció la historia para cada personaje, donde no faltaron rostros conocidos (sí, regresó mi Shadow y tampoco faltaron Axel o Mr. Grimm), nuevamente para participar en el macabro concurso de Calypso.

Un detalle curioso lo protagonizó su jefe final, que era un helicóptero de combate llamado Warhawk. ¿El motivo? Ese nombre fue justamente el juego con el que debutó SingleTrac poco antes de Twisted Metal en 1995. Por lo demás fue un capítulo con claro componente rejugable, no solamente para conocer la historia de cada personaje, sino para desbloquear a los cinco bólidos que estaban ocultos.

Que Twisted Metal: Black sea técnicamente el mejor valorado de la saga es algo que no extraña al saber que se rescató para la ocasión en PS3 dentro de los clásicos de PS2 y también con el añadido de trofeos en su posterior conversión a PS4, que por supuesto es retrocompatible con PS5 y cuesta 9,99 euros. Demonios. Ya lo tenía en PS3 pero no he podido resistir la tentación de rejugarlo en PS5... Y eso que nunca me enganchó de la misma forma que la secuela vista aquí en 1997.

Ese éxito de crítica y ventas no provocó que se explotase como antaño la marca, puesto que hubo que esperar cuatro años hasta su siguiente entrega. Aquel Twisted Metal: Head-On de PSP que salió como exclusivo temporal en 2005. Y decimos "temporal" porque en 2008 acabaría llegando igualmente a PS2.

Cabe recordar, eso sí, que Twisted Metal: Black iba a contar con una secuela que se acabó cancelando, finalmente. Y por desgracia no fue el único que se canceló. En la etapa de PlayStation 3 hubo dos que quedaron en el tintero sin ver la luz.

Sea como fuere, el juego para PlayStation Portable, a modo de secuela directa de Twisted Metal: World Tour, no fue tan bueno, por muy atractivo que resultase de entrada jugar por primera vez a esta saga con una consola portátil. Y eso que tuvo algún que otro detalle llamativo, como una serie de minijuegos que no servían únicamente para conseguir más armas, sino desbloquear a ciertos personajes.

Incognito Entertainment tuvo un tercer videojuego con la entrada del nuevo milenio, pero nos habría gustado no tener que mencionarlo... Fue el mismo 2001 donde salió el resurgir para la saga de Sweet Tooth... Y se llamó Twisted Metal: Small Brawl. Un juego para PlayStation (sí, la primera) enfocado al público infantil en el que manejábamos a vehículos por radio-control. Irónicamente, por extraño que parezca (o no), obtuvo mejores valoraciones que el Twisted Metal III de 1998.

El reboot para PS3 de 2012 provocó otro parón

Twisted Metal

Con Incognito Entertainment echando el cierre en 2009 (su último trabajo fue el remake de WarHawk para PS3 en 2007), varios de sus responsables acabarían formando el estudio Eat Sleep Play, encabezado por David Jaffe, que ya había participado en los dos primeros Twisted Metal de PlayStation y el debut de la franquicia en PS2. Y todo para desarrollar el reboot de Twisted Metal en PS3.

Hubo que esperar hasta 2012 para tal acontecimiento, estando de nuevo ante otro salto tecnológico importante que volvía a dar un peso especial a la historia. De hecho, esta entrega gozó de varios arcos argumentales, con un peso especial para Sweet Tooth, pero también para otros rostros: Mr. Grimm, Dollface y The Preacher.

Nos llamó poderosamente la atención otro detalle, y es que estos personajes ya no estaban atados a sus vehículos tan característicos, pudiendo ver a Sweet Tooth con las mismísimas ruedas de Axel, por ejemplo, tal y como se puede ver en la captura superior. Y hubo más sorpresas, como otros "vehículos" gigantescos.

Fue, además, el Twisted Metal donde se sacó partido realmente del componente online, al gozar de mayor consistencia y popularidad que la revisión del Twisted Metal: Black de 2001 con el posterior añadido de una versión online en 2002.

Este reboot lo tenía todo de cara para ser el mejor, sin embargo no gozó del mismo impacto, en parte por culpa de disponer de un elenco de personajes inferior, que no todo el mundo acogiese con la misma alegría su modo historia o lo tosco que seguía siendo el control pese a las múltiples mejoras implementadas en sus casi dos décadas de historia. O también porque el género ya estaba en decadencia.

Yo tan solo espero que volvamos a asistir a su regreso, al igual que el de Vigilante 8 o cualquiera de los (pocos) representantes que han salido desde entonces, como el ciertamente olvidado Hardware: Rivals de PlayStation Plus en 2016.

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