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Análisis de Xbox Series S, una consola de nueva generación pequeña, pero matona
Análisis

Análisis de Xbox Series S, una consola de nueva generación pequeña, pero matona

No estaba entre mis planes iniciales hacerme con una Xbox Series S, ni siquiera a largo plazo. Debido a lo difícil que fue reservar una Xbox Series X, vi en esta versión diminuta, menos potente y más asequible, mi solución al mono por dar el relevo generacional a mi Xbox One X. Y lo cierto es que me ha sorprendido.

No se puede comparar a nivel técnico con su hermana mayor, la Xbox Series X, pero también es cierto que el público al que va dirigido es diferente, puesto que para empezar no goza de un lector de blu-ray. Sea como fuere, es otra consola next-gen de Xbox y se nota tan pronto la encendemos y ponemos algún juego. Pero toca analizarla en profundidad y despejar cualquier duda que puedas tener.

Especificaciones técnicas de la Xbox Series S: hardware, arquitectura Xbox Velocity y diseño

Antes de nada, veamos al detalle las especificaciones técnicas de Xbox Series S:


Xbox series s

cpu

CPU Zen 2 personaliza de 8 núcleos a 3,6 GHz (3,4 GHz con SMT)

Gpu

GPU de 4 TERAFLOPS, 20 CU a 1,565 GHz con RDNA 2 personalizada

memoria

Bus de 10 GB GDDR6 de 128 bits de ancho

ancho de banda

8 GB a 224 GB/s, 2 GB a 56 GB/s

almacenamiento interno

SSD NVME personalizado de 512 GB

rendimiento de entrada/salida

2,4 GB/s (sin formato)

4,8 GB/s (comprimido, con bloque de descompresión de hardware personalizado)

almacenamiento expandible

Tarjeta de expansión Seagate de 1 TB

Compatibilidad con disco duro externo por USB 3.1

lector de discos

No incluye

objetivo de rendimiento

1440p hasta 120 fps en algunos juegos

sonido

L-PCM, hasta 7,1

Dolby Digital 5.1

DTS 5.1

Dolby TrueHD con Atmos

puertos y conectividad

1 puerto HDMI 2.1

3 puertos USB 3.1 Gen 1

Ethernet 802.3 10/100/1000

Wi-Fi de banda dual 802.11ac

Radio inalámbrica Xbox de doble banda dedicada

dimensiones

6,5 cm x 15,1 cm x 27,5 cm

peso

1.928 gramos

Xbox Series S

Respecto a Xbox Series X, hay varias diferencias importantes, aparte de ver cómo en Xbox Series S se ha prescindido por completo de un lector de blu-ray:

La GPU en Xbox Series S es de tan solo 4 Teraflops, con 20 CU (unidades de proceso) a 1,565 GHz con RDNA 2 personalizada, mientras que en Xbox Series X la cifra asciende hasta los 12 Teraflops, con 52 CU a 1,825 GHz con RDNA 2 personalizada. Para que nos hagamos una idea, Xbox One X tenía 6 Teraflops, con 40 CU a 1,172 GHz, sin embargo ese modelo estrenado a finales de 2017 no podía manejar juegos con trazado de rayos, cosa que Xbox Series S sí puede hacer.

Esto es posible sacrificando la resolución, puesto que Xbox Series S no ofrece 4K nativos, sino reescalados. Su resolución real se queda en 1440p, pero con una tasa de refresco en pantalla entre los 60 y 120 fps, dependiendo del videojuego.

La otra diferencia, antes de profundizar con la consola, tiene que ver con casi la mitad de memoria respecto a Xbox Series X. En la hermana mayor, dispone de 16 GB GDDR6 con bus de 320 mb, mientras que en Xbox Series S se queda en 10 GB GDDR6 con bus de 128 bits. Xbox One X tenía más (12 GB), pero con GDDR5.

Xbox Series S

Es en las dos únicas facetas donde los números de Xbox Series S salen perdiendo frente a sus hermanas, pero esto no se acaba notando a la hora de encender la consola y ponerse a jugar. Y es que, tal y como comentó mi compañero Álex con su análisis de Xbox Series X, un punto que marca la diferencia es el SSD.

El "inicio inmediato" de la consola ahora es literal, tan pronto pulsamos el botón de encendido desde la propia máquina o el mando, pero es que sorprende ver lo que ha conseguido Microsoft gracias a la llamada Xbox Velocity Architecture, con ese SSD personalizado junto con la tecnología de sistema en un chip, puesto que en juegos como ReCore se ha acortado el tiempo de carga de los dos minutos a apenas 11~15 segundos. En Gears 5 tarda tan solo 10 segundos en iniciar una partida, siendo casi el doble en Forza Horizon 4, lo cuál sigue siendo sorprendente.

En líneas generales todos han salido ganando una barbaridad, salvo excepciones, como Ryse: Son of Rome, que aún tarda un minuto, pero la sensación que deja es que ahora todo va mucho más rápido y hay juegos de Xbox One que se han mejorado para la ocasión, pudiendo alcanzar los 120 fps tanto en Gears 5 como en Ori and the Will of the Wisps en esta Xbox Series S, no solamente en Xbox Series X. Aunque, obviamente, necesitaremos una TV o monitor que alcance los 120 Hz (nuestros compañeros de Xataka nos ofrecen una guía de compra, ojo).

Xbox Series S RARE Replay y Halo: The Master Chief Collection tapan por completo la consola Xbox Series S. ¡Brutal!

Más allá del salto de velocidad (que los usuarios de PC llevan disfrutando desde hace años) o de una mayor estabilidad (y aumento) en la tasa de refresco en pantalla, lo que más me ha sorprendido de este modelo de Xbox es su tamaño. No en vano es la Xbox más pequeña de la historia y, como se puede ver en la foto superior, con dos juegos de Xbox One podemos taparla por completo. De hecho, es más pequeña incluso que el alto de dichas cajas, al asemejarse más al tamaño de las de Nintendo Switch. Esta otra imagen lo deja más claro. ¡Es diminuta!

Xbox Series S

Conviene recordar que Xbox Series S no incluye lector de discos, por lo que si disponemos de algún juego en físico para Xbox One, Xbox 360 o la primera Xbox, no podremos ejecutarlo en este modelo: tendrá que ser obligatoriamente en digital, mediante compra o por suscripción a Xbox Live Gold o Xbox Game Pass.

Por otro lado, el SSD de 512 GB limita bastante el número de juegos que podemos tener instalados a la vez, sabiendo que de fábrica tan solo quedan disponibles 362,1 GB. Con el peso de la mayoría de títulos actuales entre 50 y 100 GB, se cuentan con un dedo de la mano los más potentes de Xbox One que podemos tener juntos. En mi caso tengo 28 juegos instalados, entre Xbox Series (Gears Tactics y Bright Memory), Xbox One (Star Wars Squadrons y Tekken 7, entre otros) y Xbox 360 (Alan Wake's American Nightmare, Spelunky, Trials Evolution, y un largo etc), teniendo libres sólo 19,4 GB. Y no contemplo los 249 euros de expansión.

Si bien la instalación del Gears 5 la mantengo, he ido rotando otros juegos, como los citados Forza Horizon 4 y Ryse: Son of Rome, por lo mucho que ocupan. En cuanto a velocidad de descarga, no he notado diferencias significativas respecto a Xbox One, descargando a buena velocidad, pero sin aprovechar el tope del ISP.

Xbox Series S

Otro aspecto llamativo de Xbox Series S y que sobresale claramente, es ese círculo negro por el que sale dispaso el calor y que contrasta con el color blanco de toda la consola (hasta el mando viene a juego, en blanco). Aquí hay dos puntos a resaltar: por un lado, es una consola extremadamente silenciosa, que no molesta ni lo más mínimo; y por otro, sí que se calienta por esa parte de la rendija, aunque sin llegar a niveles preocupantes. Según nuestros compañeros de Xataka, que contaban con un medidor, promedia 51 grados, pero puede superar los 60º.

Es, tal vez, lo que más afee su diseño, por ese contraste tan extremo y por su posición, que no se libró de las parodias en forma de memes, pero lo cierto es que una vez que se supera la impresión inicial y comprendemos que no sirve para escuchar cassettes, poco importa, porque en realidad es una consola muy cuca.

Ese tamaño tan diminuto, unido a lo poco que pesa (no llega a los 2 kg), hace que se convierta en una solución de viaje, por si nos la queremos llevar a casa de un colega, de vacaciones en la playa o donde se tercie. Ya si fuese portátil sería la leche, desde luego, pero Microsoft descartó hace mucho tiempo esa batalla contra Nintendo y Sony. Y por algo su apuesta es más bien la nube con xCloud.

Sensaciones con los juegos y Xbox Game Pass

Xbox Series S

Habiendo tenido sobre la mesa los datos en bruto sobre las especificaciones de Xbox Series S, aparentemente muy inferior a Xbox Series X, lo cierto es que se olvida por completo a la hora de ponerla en acción, porque los juegos van como la seda, con una tasa de refresco en pantalla estable y con pantallas de carga que se reducen considerablemente. Además, reescala francamente bien hasta los 4K.

Si nos podemos permitir el salto directamente hasta la Xbox Series X, mejor que mejor, de eso no hay duda, porque es un proyecto pensado más a la larga que no tendrá problemas cuando lleguen los juegos más exigentes. Y eso que, en cualquier caso, Xbox Series S sigue siendo una consola de nueva generación. ¡Por 300 euros! Es bastante sorprendente, y sin duda un giro radical al problema que tuvo Xbox One en su lanzamiento de 2013, con ese Kinect metido con calzador que encareció su precio hasta los 500 euros, ¡100 euros más que PS4!

Que a todo esto, Microsoft dejó claro hace semanas que ni Xbox Series X ni Xbox Series S ofrecen soporte para Kinect, por lo que ninguno de los juegos para ese dispositivo son compatibles. Todos los demás de Xbox One y los que ya eran retrocompatibles de Xbox 360 y Xbox, se juegan sin problemas en la gama Xbox Series. Y esto ofrece un catálogo de lanzamiento brutal sumándolos todos.

Xbox Series S

De por sí Xbox Series ha contado con un buen catálogo de lanzamiento el pasado 10 de noviembre, a pesar de los retrasos (Halo Infinite, sobre todo) y de que abunden los juegos intergeneracionales (con Smart Delivery para no pagar dos veces en la mayoría de ellos), pero la mayor baza de esta nueva generación de consolas de Microsoft es sin duda el combo formado por Xbox Game Pass Ultimate, con todos los juegos de Xbox Game Studios desde el primer día, el fichaje de third-parties como Bethesda o la suma de la biblioteca de EA Play.

Xbox Series S es un caramelo con Xbox Game Pass, uno de los mejores regalos por Navidad que podamos hacer debido al enorme catálogo a golpe de botón. Además, dar el salto a esta nueva generación de Xbox es sumamente sencillo, al haber apostado por la misma interfaz (renovada hace poco) de Xbox One, con una navegación más cómoda y rápida. De hecho, uno de los primeros puntos a configurar en la consola, es importar nuestra configuración, para conservar nuestros grupos, configuración y demás. Tan solo lleva unos segundos, nada más.

Se le puede achacar, no sin razón, y es algo que comparto con mi compañero Álex en su análisis de Xbox Series X, que Microsoft ha pecado de conservadora en cuanto a la interfaz, lo que inevitablemente hace que nuestro cerebro no piense que está ante una consola de nueva generación, al sentirnos como en casa. Y esto se aplica también al mando, al que tan solo se le ha añadido un botón de Capturas (para imágenes y vídeo, ahí manteniendo pulsado el botón), cambiado la cruceta por una más cómoda (y eso que la de Xbox One me encantaba y no hacía falta retocarla, a mi modo de ver) y con un tacto más rugoso en la parte trasera.

Realmente, en este sentido, no hay diferencias con Xbox Series X, lo que sería redundar en el análisis que hizo mi compañero. Sí que hay que tener presente el tema de la resolución, pero si no nos importa que se reescalen los juegos, es una buena opción de compra si buscamos algo más asequible, especialmente si queremos sacar tajada de una suscripción a Xbox Game Pass Ultimate. Ahora bien, con el inconveniente de ese espacio tan reducido de 362,1 GB reales; no olvidemos, de todos modos, que PS5 se queda en 670 GB para instalar juegos.

Xbox Series S Aunque Xbox Series S pueda mover juegos a 120 fps, es necesario disponer de una TV de 120 Hz.

Por otro lado, este salto generacional me ha servido para plantearme el cambio a corto plazo para mi televisión actual, que soporta 4K y HDR, sí, pero sin 120 Hz, de ahí que juegos como los citados Gears 5 y Ori and the Will of the Wisps, que se pueden jugar a 120 fps en Xbox Series S, los haya tenido que jugar a 60 fps estables y reescalados a 4K. Y la lista está creciendo estos días, con juegos como Rainbow Six Siege, The Touryst o Rocket League, ojo. Lo bueno es que varios desarrolladores han dejado claro que resulta sencillo ofrecer 120 fps en juegos de Xbox One para Xbox Series, al contrario que PS5, sin 120 fps en Rocket League.

Lo que está todavía un pelín verde es el tema de la "reanudación rápida", ese Quick Resume con el que podemos alternar entre varios juegos a la vez, casi sin cargas de por medio. Funciona con los que son compatibles, mientras que con el resto (la mayoría) veremos cómo se carga el juego desde el principio. No es algo que moleste, de todos modos, puesto que los juegos cargan más rápido que en Xbox One gracias al salto que supone la implementación de un SSD. Y a medida que se vayan optimizando algunos juegos y lleguen los que están pensados directamente para Xbox Series, seguro que notamos mejor las diferencias. Cuestión de tiempo.

A modo de anécdota, queda el fondo dinámico, exclusivo de la gama Xbox Series, donde pasamos del típico fondo estático, con una imagen cualquiera (incluso de un logro, con las del Agents of Mayhem que son una delicia), a una imagen en movimiento. Tampoco tiene mucho misterio y es algo que tenía la anterior PS4.

La opinión de VidaExtra

Llegados a este punto, sobre si merece la pena o no este modelo, todo dependerá de cada persona, pero ciertamente me ha sorprendido para bien, a pesar de ser pro-físico con los juegos (con su caja, su disco y su manual, si hay suerte con esto último). Es una consola de nueva generación pequeña, pero matona, donde la clave radica en su precio altamente competitivo sin por ello renegar de varias de las prestaciones next-gen, como 120 fps en algunos juegos y con ray-tracing.

No entraba en mis planes comprar una Xbox Series S, ya lo he dicho. Pero es que ahora tampoco me urge comprar una Xbox Series X a corto plazo. Aunque mi caso, desde luego, no tiene que ser compartido por el resto. Cada persona es un mundo, pero sin duda que ya no me parece mala ni descabellada esta propuesta arriesgada por parte de Microsoft. Y nunca hubo un "salto" tan económico.

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