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La revolución de Xbox: la alucinante evolución de Microsoft desde la salida de Xbox One al lanzamiento de Xbox Series X
Industria

La revolución de Xbox: la alucinante evolución de Microsoft desde la salida de Xbox One al lanzamiento de Xbox Series X

Xbox ya no es una videoconsola, es otra cosa. Mejor dicho: es mucho más que hardware y componentes presentados en una caja. O al menos así es como Phil Spencer, el máximo responsable de la división de videojuegos de Microsoft, entiende la marca. Y lo más interesante es cómo hemos llegado a este punto.

Siendo justos, los motivos que tiene Spencer para concebir Xbox como algo más que un sistema de sobremesas están muy bien fundados: en vísperas de un doble lanzamiento de consolas de nueva generación, el enfoque actual ya no gira en torno al hardware, sino a cómo accedemos al software.

Dicho de otro modo, Microsoft inicia la novena generación de consolas con mucho más que dos nuevos sistemas de sobremesa: desde hace casi un lustro ha ido alineando un plan mayor en el que su legado jugable de anteriores sistemas, su posición privilegiada en PC y su experiencia en el sector de los servicios marcarán la diferencia.

Y, claro, la astronómica inversión en desplegar sus estudios propios a base de reencuentros muy deseados, potentes adquisiciones y fichajes estrella hará el resto.

¿La largamente vaticinada transición de las consolas físicas a una suerte de Netflix de los videojuegos? En absoluto: Microsoft golpea con fuerza demoledora en cuestión de hardware con Xbox Series X, el sistema más potente creado hasta la fecha y, a la vez, Xbox Series S, una alternativa a precio irresistible que moverá los mismos juegos (aunque no lucirán igual, claro).

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Atando ambas consolas, al Game Pass, el verdadero caballo de batalla de su plan maestro. Y, en un mismo movimiento, afianzando el juego en PC y dispositivo móviles.

Y pese a que dicen que el que mucho abarca poco aprieta, lo cierto es que el modo en el que Microsoft ha alineado todo lo anterior es para sacarse el sombrero. Un brutal despliegue de recursos, desde luego, pero también el esperado despliegue de un plan mayor, terriblemente ambicioso y fuertemente cimentado en diferentes factores que han tardado años en alinearse, y que desembocará definitivamente en el lanzamiento de sus nuevas consolas.

Poniendo la marca Xbox en una posición que, por cierto, no tiene nada que ver con la que tuvo 2013. Porque a estas alturas de la partida es innegable que tanto la presentación de Xbox One como su lanzamiento fueron, por decirlo muy suave, realmente desafortunados.

El sonoro traspiés de Xbox One: el desafío de arrancar una generación en clara desventaja

La portada de agosto de 2013 de la prestigiosa revista EDGE sintetizaba el sentir de muchos apasionados por los videojuegos tras la presentación de Xbox One y PS4 un par de meses antes: el magazine resumió su cobertura del E3 poniendo a la nueva consola de Sony en portada sobre fondo blanco y, en el centro de la misma cinco palabras: “Esta es tu próxima consola”.

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Lo cual, visto con perspectiva, nos lleva a una pregunta bastante lógica: ¿qué ofrecía PS4 como para generar esa sensación frente a las sobremesas de Xbox? Lo más singular es que no se trataba de una novedad o un juego en concreto, sino que -en esencia-  ofrecía lo mismo, por 100 dólares menos y sin todos los palos que Microsoft se había puesto en las ruedas en tiempo récord. Siendo el nuevo sensor de Kinect el más delicado de defender.

En noviembre de ese mismo año la Xbox One llegará a las estanterías arrastrando muchos de los peros y contras de su presentación oficial. Y, pese a que Microsoft reculó en la mayoría de ellos, su imagen ya estaba muy tocada.

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  • Lógicamente, esto también suponía que los juegos de Xbox One ofrecerían bloqueo regional y que, además, no habría retrocompatibilidad con Xbox 360.
  • Para colmo de males, y a raíz de lo anterior, Sony aprovechó para recordar que el intercambio y préstamo de los juegos de PS4 funcionará como los de PS3. Eso sí, tampoco ofrecerá retrocompatibilidad.
  • Por otro lado, la consola de Sony no solo llegaba a las tiendas a un precio inferior, una estrategia que le funcionó muy bien con Saturn, sino que adelantó que sus juegos lucirían mejor.
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  • ¿El motivo de ambos problemas en Xbox One? Como comentamos, el sensor Kinect era obligatorio e inseparable de la consola. No solo había que tenerlo enchufado, sino que además usaba recursos de la misma.
  • El golpe de gracia vendría por parte del segundo enfoque que Microsoft quiso darle a su consola: convertir Xbox One en un centro multimedia con grabador de televisión y funcionalidades asociadas al Kinect. Algo que, por otro lado, no generó un verdadero interés.

Si bien Xbox 360 fue un gran competidor para PS3, lo cierto es que Xbox One partió con claras desventajas frente a una PS4 que supo sacar partido de las reacciones de la consola de Microsoft.

¿Sony “ganó” la octava generación de consolas antes de que ésta arrancase? Bueno, lo cierto es que Microsoft fue consciente de sus errores y reaccionó a destiempo. Pero lo más importante es que pese a tenerlo todo en contra no se dio por vencida.

Del camino a la convergencia a la reinvención de Xbox

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Tras el complicado lanzamiento de Xbox One, el periodo navideño y el inicio del nuevo año fiscal, hubo un cambio esencial en la división de videojuegos de Microsoft: Phil Spencer tomó las riendas de los equipos Xbox, Xbox Live, Xbox Music y Xbox Vídeo y pasará a ser la cabeza visible de Microsoft Studios. Una enorme responsabilidad en el momento más delicado (y vulnerable) de Xbox.

Insuflar un nuevo impulso a Xbox One supuso contradecirse con muchos Early Adopters, tomar decisiones difíciles y, finalmente, replantear el enfoque de la marca. Liberarse a su debido tiempo de todos los lastres con los que la consola llegó a las estanterías, empezando por el propio Kinect.

En mayo de 2014, apenas seis meses después del lanzamiento de Xbox One, Microsoft decidió  eliminar Kinect de los packs de Xbox One, actualizar su software para que la cámara ya no fuese obligatoria y, consecuentemente, adaptar el precio de la consola  rebajándola 100 euros.

Ahora la etiqueta de las cajas de Xbox One marca el mismo precio de salida de PS4. Pero eso no es suficiente.

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El siguiente gran paso en la buena dirección llegará en 2015, fecha en la que toda Microsoft iniciará un plan de convergencia conocido como UWP (Universal Windows Platform) cuyo objetivo era unificar toda la familia de dispositivos asociados o asociables a la marca Microsoft, lo que incluye la Xbox One, los PC o los dispositivos smart.

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¿La idea? Difuminar por completo las líneas que separaban los PCs y las consolas, reunir todo el legado jugable -incluido el de anteriores generaciones- en una misma plataforma universal, permitir disfrutar de todos los servicios en cualquier plataforma e incluso ofrecer juego cruzado con otras plataformas, incluyendo PS4.

En aquel tiempo, muchos de aquellos conceptos parecían imposibles. Hoy todos son una realidad.

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Microsoft no tardó en dar un nuevo golpe sobre la mesa y el siguiente gran paso hacia el camino hacia la convergencia: los juegos de Xbox 360 se podrán jugar Xbox One a través de un sistema de retrocompatibilidad. En una época en la que los remasters y las revisiones HD eran un recurso fácil, Xbox One rompió la baraja bajo el lema de no pagar dos veces por algo que ya tienes.

¿Y qué ocurría con los juegos? Las citas obligadas de la consola seguían siendo valores seguros en ventas, claro. Pero no todos los proyectos llegaron a buen puerto: la cancelación de Scalebound fue un durísimo golpe para el catálogo de exclusividades de Xbox One. Sin embargo, Microsoft no daba puntada sin hilo y empezó a dirigirse en otra dirección.

De entrada, la implementación del Play Anywhere en sus títulos propios y juegos de terceros amplió la brecha de usuarios. Es decir, si adquieres una copia digital de un juego de Xbox la propia Microsoft te regala la copia del mismo en PC, con opciones de juego cruzado y progresos compartidos en ambos sistemas.

Añadiendo un gran valor añadido especial a su consola frente a la comunidad de jugadores de escritorio. Un paso previo crucial para su golpe maestro.

Con esas premisas asentadas, el siguiente paso por parte de Microsoft fue un movimiento maestro: siguiendo la premisa de EA Access (actualmente EA Play) Xbox recibirá su propio servicio de juegos: el Game Pass. Una selección de más de 100 títulos propios y de terceros, con descuentos exclusivos y la garantía de que todo lo publicado por parte de Microsoft Studios estará disponible de lanzamiento.

Aquello era una oferta insólita en consolas, que le sentó de maravilla a Xbox One y, un tiempo después, sería expandida a PC.

Mientras tanto, en lo relativo al hardware, Microsoft hizo las tareas: sin el lastre de Kinect llegaron tres grandes revisiones de Xbox One:

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La Xbox One S, un modelo más compacto y atractivo con el añadido extra de ofrecer un lector Blu-ray HD.

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La Xbox One X, un modelo mucho más avanzado tecnológicamente, capaz de ofrecer juegos en 4K y mejorar la calidad de los títulos clásicos.

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La Xbox One S All- Digital: una revisión del modelo Xbox One S más económico gracias a la ausencia del lector de discos. Perfecta para los jugadores que lo apuestan todo al Game Pass.

Mientras tanto, Phil Spencer aprovechaba cada nuevo evento para hacer grandes anuncios para los usuarios de Xbox: Microsoft había abierto la cartera y comenzó a adquirir estudios de la talla de Obsidian, Double Fine o la exitosa Mojang, creadores de Minecraft. Y no solo eso: invitó a que los jugadores usasen sus ratones y teclados en Xbox One.

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Ahora bien, no todos los grandes avances y logros se hicieron con vistas al gran público: una pequeña gran revolución fue el Adaptive Controller, un dispositivo para consolas y PCs con el que le abrió la puerta a los videojuegos a aquellos que, por diferentes circunstancias, lo han tenido complicado. Una colosal victoria, se mire por donde se mire.

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En apenas siete años, Phil Spencer y Microsoft consiguieron darle un giro total a la imagen de marca de Xbox. Y pese a que Xbox One no llegó a las cifras de PS4, fue mucho más valiente a la hora de innovar. Y, con el tiempo, el camino a la convergencia quedaría cimentado: Fortnite y Minecraft inauguraron el juego cruzado entre jugadores de Microsoft, Sony y Nintendo. Una tendencia que sigue a la alza.

Sin embargo, lo más interesante de todo es cómo Microsoft no solo ha enfocado todo lo anterior a Xbox One, sino cómo lo ha logrado alinear de cara a la siguiente generación de consolas.

Cómo se presenta el lanzamiento de 2020

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Comenzamos diciendo que para Phil Spencer Xbox no es una consola, sino algo más. Algo que cobra mucho sentido si tenemos en cuenta todos los logros que Xbox ha introducido desde el lanzamiento de Xbox One, pese a su cuestionable lanzamiento.

Y si bien su doble propuesta de hardware es imbatible en lo técnico o en cuestión de precio, la verdadera revolución con la que arrancará la next-gen nace del enfoque con el que entrará en la misma: poner al jugador en el centro de la experiencia.

La idea es fácil de visualizar una vez superadas todas las barreras anteriores: con el Game Pass tienes acceso a los juegos de Xbox Game Studios desde sus consolas, desde PC e incluso desde dispositivos móviles a través del servicio de juego en nube de xCloud.

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¿Motivos para adquirir una nueva consola? Microsoft ofrece miles de lanzamiento. De partida, porque su sistema de retrocompatibilidad ofrece la posibilidad de disfrutar de títulos de todas las anteriores sobremesas de Xbox, logrando que la librería de juegos con la que parte Xbox Series X y Xbox Series S sea imbatible.

Una premisa que queda reforzada con un muy generoso número de lanzamientos de producción propia por parte de los Xbox Game Studios a lo largo de 2020 tanto para PC como para consola.

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Lógicamente, y como defendió nuestro compañero Rubén,  para jugar a los mismos juegos no hace falta dar un salto generacional. En ese aspecto, Microsoft ha vuelto a estar acertada introduciendo elementos clave: mejoras técnicas y visuales en títulos clave, reduciendo los tiempos de carga, ofreciendo actualizaciones gratuitas para acomodar sus clásicos a la nueva generación y una novedad que promete marcar la diferencia: el Smart Delivery.

El sistema con el que obtendremos la versión más optimizada de cada juego compatible en función del dispositivo en el que iniciemos la partida.

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De cara al lanzamiento de sus nuevas consolas, Microsoft dejó aparcadas las ambigüedades: no solo ofreció generosos adelantos de la misma y la presentó en propiedad, sino que se esforzó en ser generosa en detalles. Haciendo cada vez más palpable de cara a la industria su lema de poner al jugador en el centro de la experiencia.

Y, poco a poco, posicionándose ventajosamente ante la PS5 de Sony en varios aspectos clave.

El último gran movimiento de Xbox: una jugada maestra. El día antes de abrir sus reservas, Microsoft hace oficial la adquisición de Bethesda. Una operación millonaria que, además, supone que sagas del calibre de DOOM, The Elder Scrolls o Fallout se integran en Xbox Game Studios.

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Y, ya puestos, integrando DOOM Eternal -uno de los mejores juegos de 2020- en el Game Pass.

¿En qué posición deja esto a PS5? Bueno, Microsoft estudiará la llegada de sus juegos a otros sistemas caso por caso. Sin embargo, merece la pena recordar que -al menos, de cara a la galería- Microsoft ha sido la más predispuesta a tender lazos con el resto de plataformas.

Y no solo eso: Microsoft ha encajado las criticas de manera constructiva y creativa:

  • Si bien el aspecto de Halo Infinite, el llamado a ser el buque insignia de la consola, no nos dejó maravillados, su retraso y la manera de abrazar el meme generado le hizo caer de pié y con un extra de estilo.
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  • A lo que hay que sumar su más reciente hito: abrazando sin complejos el hecho de que el diseño de Xbox Series X puede recordar el de un frigorífico, Microsoft ha comenzado a enviar ediciones muy especiales de la consolas acompañadas de un añadido muy especial: el auténtico frigorífico con forma de Xbox.

Uno de los aspectos más interesantes de la industria del videojuego es que al final los jugadores, los consumidores y los apasionados por el mundillo son los que realmente premian los avances y los riesgos de cada compañía. Y, siendo justos, Microsoft ha hecho sus tareas (con buena nota) de cara a la novena generación de consolas. Lleva años preparándose para este momento.

¿Suficiente como para tomarle el relevo a PlayStation y liderar la nueva generación? A partir del próximo 10 de noviembre lo tendremos mucho más claro.

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