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Tres años de Switch, o por qué el legado de Zelda: Breath of the Wild será el arma definitiva de Nintendo frente a la Next Gen
Nintendo Switch

Tres años de Switch, o por qué el legado de Zelda: Breath of the Wild será el arma definitiva de Nintendo frente a la Next Gen

Las cifras no mienten: en apenas tres años se han vendido más de 50 millones de consolas Nintendo Switch. Y eso, se mire como se mire, es un exitazo. Pero claro, la brecha que separa los límites de su hardware de los de otros sistemas está a punto de ensancharse con la llegada de Xbox Series X y PS5. Por ello, el inicio de esta década, de esta nueva etapa para la propia Switch, no debe ser una retrospectiva de lo logrado, sino una visión tangible de lo que está por llegar.

El secreto del éxito de Switch no reside únicamente en sus características o la posibilidad de improvisar partidas sobre la marcha. Un ejemplo cercano lo tenemos con la propia PS Vita y su rendimiento comercial. Lo que ha hecho triunfar a la consola de Nintendo es su potente catálogo, reuniendo lo mejor y más selecto de los indies, títulos clave de las Third Party, dando segundas oportunidades a las joyas de Wii U y, por supuesto, sus codiciadas exclusividades.

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Y es que si le echamos una ojeada rápida a la eShop, no tardamos en darnos cuenta de que no solo rivaliza con Steam en lo referente a pequeñas grandes joyas y adaptaciones acomodadas a lo que se puede ofrecer en sus respectivos sistemas; sino el hito de convertirse en un escaparate muy rentable para los pequeños desarrolladores y todavía más interesante para los grandes. En consecuencia, de un modo u otro todo el mundo quiere estar en Switch. Y eso hace que todos salgamos ganando.

Con eso sobre la mesa, y retomando lo que planteamos inicialmente, ¿qué armas tiene Switch frente a la Next Gen de Microsoft y Sony? Las revisiones actuales de la consola solo aumentan el tiempo de juego a través de su batería (lo cual no está mal, claro) y la propia Nintendo ya nos ha adelantado que este año no lanzará nuevo hardware, aunque contamos con la llegada de tentadores modelos temáticos inspirados en los lanzamientos clave. Por ejemplo, la muy tentadora Switch de Animal Crossing. Pero seguimos en las mismas.

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Por suerte, La Gran N tiene varios trucos en la chistera para mantener a Switch en la cresta la ola. Suficientes como para justificar que en 2020 todavía no haya una app de Netflix -entre otras- en la eShop. Y el titán de las series y películas no es lo único que echamos en falta tres años después, todo sea dicho.

Algunas de estas bazas son promesas largamente hechas, que nos remiten incluso a la presentación de la propia consola -¿Alguien recuerda el nuevo Shin Megami Tensei?-,  mientras que otras nacen del legado de sus sistemas anteriores e incluso la mera posibilidad de recuperar imprescindibles. Porque ¿cómo resistirse a un GTA V en Switch? Yo no podría y eso que desde que está en el Game Pass me falta tenerlo en la tostadora.

Ninendo Switch desde 2017: el plan de Nintendo hasta ahora

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Si bien Nintendo es una compañía completamente imprevisible, hay dos vías que nos permiten comprender lo que está por venir en Nintendo Switch:

  • Por un lado, la evolución de la consola desde su lanzamiento.
  • Por otro, las previsiones y los planes de la propia Nintendo de cara al futuro.

Sin embargo, solo tendremos la fotografía completa si metemos en la ecuación a Microsoft y Sony, y lo cierto es que, según han indicado ambos, las próximas Xbox y PlayStation no buscarán medirse con Nintendo, sino con el PC y el juego en nube. ¿A qué se debe esto?

Si bien hoy tenemos asimilado el éxito de Nintendo Switch, lo cierto es que la Gran N se encontraba en una situación muy diferente cuando el sistema fue presentado como NX. Wii U nunca terminó de levantar del todo (pese a que recibió verdaderas joyitas) y que Satoru Iwata -anterior presidente de la compañía- anunciase la llegada a móviles de sus personajes fue un rotundo golpe sobre la mesa.

En el fondo, la jugada de los móviles nos dejó a todos con la mandíbula desencajada, pero el tiempo demostró que fue un movimiento esencial: más allá de lo generado a través de un sistema de monetización que tardaron años en entender, La Gran N convirtió cada experiencia de iOS y Android en un embajador de sus futuros juegos y proyectos por anunciar. Lo cual no quita que el lanzamiento de Switch fuese bastante comedido en contenidos.

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Precisamente, uno de los mayores problemas de Wii U fue el flujo de lanzamientos. A veces se acumulaban dos o más citas obligadas y otras pasaban meses sin que llegase un verdadero pelotazo a la consola. Y eso, en la industria actual, es demasiado tiempo. Además, la propia Nintendo admitió que el salto a la Alta Definición -más concretamente, desarrollar juegos a esa resolución- les exigió más de lo deseado. Si a esto sumamos la escalonada retirada de apoyo por parte de las Third parties tenemos demasiados frentes abiertos y pocas soluciones.

Por ello, cuando Nintendo presentó oficialmente Nintendo Switch, se aseguró de tres cosas que la devolvía al juego:

  • Sus fechas de lanzamiento debían estar muy bien estudiadas, así como el anuncio de nuevos juegos que condicionen los estrenos.
  • El nuevo sistema no podía depender únicamente de los títulos propios: éstos deben ser esenciales, desde luego, pero el éxito se mediría en las alianzas con pequeños y grandes creadores de experiencias.
  • Por último, su próxima consola debía condensar el legado anterior. tanto en hardware como en software. Todo lo que había atraído alguna vez en sobremesas y portátiles, evocando la nostalgia y, a la vez, conciliando a su público fiel.

En lo relativo a sus lanzamientos, Nintendo ha garantizado al menos una cita obligada cada mes desde la salida de Switch. Bien de producción propia o asegurándose una alianza demasiado buena como para dejarla pasar. Lógicamente, publicar a ese ritmo sería insostenible en circunstancias normales, pero ahí entraba en juego su as en la manga: los relanzamientos Deluxe.

Nuevas oportunidades de brillar de imprescindibles como Mario Kart 8, Bayonetta 2, Donkey Kong Country: tropical Freeze o Captain Toad.

Por otro lado, Nintendo ha arropado mucho y bien a sus socios actuales. A los equipos más modestos los ha abrazado bajo su sello propio: los Nindies, dándoles un protagonismo sin precedentes en consolas. Y, a su vez, atrayendo a los titanes a su terreno. Nos referimos a los títulos más aclamados de Blizzard, Ubisoft, Bandai Namco, Bethesda o Square Enix, entre otros.

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No todas las Third Parties han sabido aprovechar el momento igual de bien, claro. Las adaptaciones hechas a medida de FIFA que ha elaborado EA no son para tirar cohetes, aunque, también tenemos un Unravel two que le sienta como un guante a la consola. En el caso opuesto encontramos a Microsoft, quien se coronó llevando titulazos como Ori and the blind Forest o Cuphead a Switch, forjando una alianza histórica para Minecraft e incluso prometiendo publicar Hellblade: Senua's Sacrifice. Ahi es nada.

Visto lo visto, y antes de abordar el tercer factor clave, cabe preguntarse algo esencial: ¿qué rol le está dando Nintendo a su sistema dos en uno?

Switch es una estupenda consola principal, pero también un segundo sistema insuperable

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Más allá del propio software, Nintendo ha diseñado una plataforma de juego que tiene algo que ofrecer a todo el mundo. Pequeños, jóvenes apasionados por el Fortnite, nostálgicos de la NES y la SNES e incluso a los que se resisten a jugar a los videojuegos. A fin de cuentas, pese al sacrificio de su clásica cruceta, Switch hereda un poquito de cada consola apadrinada por las creaciones de Shigeru Miyamoto.

En este aspecto,  y desde los tiempos de GameCube, el propio Miyamoto estableció la estrategia de la Nintendo del nuevo milenio: la clave no está en centrarse en un público concreto, sino en llegar a todos los jugadores. Y lo cierto es que las capacidades únicas de Switch permiten ir todavía más allá: si bien 1-2-Switch tanteaba las posibilidades de los Joy Cons, Nintendo Labo supuso el salto que refleja el espíritu más Nintendero, ofreciendo a los fans la posibilidad de extender su creatividad con la consola como instrumento.

Lo cual no quita que, mientras esto tiene lugar, haya habido un sibilino pero latente relevo en el hardware en Nintendo: tal y como se sospechaba de lanzamiento, el modelo Switch Lite dará continuidad a la familia de consolas Nintendo 3DS, ofreciendo ese sistema 100% portátil que todos los desarrolladores están interesados en publicar.

Y eso ya le da cierta ventaja frente a los otros sistemas.

Si bien el catálogo de Nintendo Switch es rico y generoso con proyectos de todos los calibres, nuevas oportunidades para títulos de generaciones pasadas y conversiones verdaderamente sorprendentes de juegos como Overwatch, The Witcher III  o Dragon Ball FighterZ (entre otros muchos) también se está afianzando merecidamente como un potentísimo sistema secundario para todos los que ya posean un PC o cualquier otra plataforma de juego.

Una alternativa de juego, todo sea dicho, capaz de reclamar más horas que cualquier otro sistema gracias a sus conversiones de Stardew Valley, la saga Pokémon o Animal Crossing. Experiencias que no conviene menospreciar, al ser exquisitamente adictivas. A lo que hay que sumar un valor competitivo sin precedentes en la historia de Nintendo con títulos exclusivos como el referido Mario Kart 8, Super Smash Bros. Ultimate o compartidos y con cross-play, como Rocket League, Minecraft o (de nuevo) Fortnite.

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De este modo, la estrategia de Nintendo de cara a lo que está por venir quedaría bien consolidada con relanzamientos irresistibles, un posicionamiento de marca privilegiado gracias a su trayectoria histórica de cara a pequeños y no tan pequeños y una predisposición a ser un sistema secundario sencillamente imbatible con capacidad para eclipsar a los primarios.

Y, sin embargo, lo que de verdad estrechará la distancia de cara a los 100 millones de sistemas vendidos serán sus vende-consolas.

Una vez más, el destino de Nintendo estará en manos del Héroe de Hyrule

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Recogiendo papeles: de lo anterior sacamos una serie de premisas fundamentales con las que entender cómo actuará Nintendo a corto y medio plazo. Y lo cierto es que el plan se sostiene la mar de bien.

  • Por un lado, podemos esperar al menos un imprescindible al mes. Bien por parte de Nintendo o de terceros. Y eso incluye agradecidos rescates: en lo que vamos de 2020 ya contamos con la promesa de The Wonderful 101, Xenoblade Chronicles o Tokyo Mirage Sessions #FE Encore. Y seguimos cruzando los dedos por ver anunciado un Metroid Prime Trilogy que la consola pide a gritos.
  • Por otro lado, Nintendo seguirá asentando el rol de Switch como sistema portátil, bien a través del modelo Switch Lite como del original, siendo la octava generación de Pokémon un elemento clave para lograrlo así como derivar su público de móviles a la consola.

Sin embargo, el verdadero as en la manga de Nintendo seguirá estando en sus grandes exclusividades. Lanzamientos capaces de hacer implosionar de Hype a todo internet cada vez que aparece el sencillo logotipo de un nuevo Direct, incluyendo las promesas de Bayonetta 3, No More Heroes 3, Shin Megami Tensei V o el pospuesto pero no por ello menos esperado Metroid Prime 4.

A esto último hay que añadir el factor sorpresa claro. Porque -pese a los constantes rumores- la llegada de Overwatch, The Witcher III o el regreso en calidad de remake de The Legend of Zelda: Link’s Awakening, nos pilló a todos con la guardia baja. Queremos más momentos así, que nos hagan levantarnos de la silla. Y no soy el único que metería la mano en el fuego pensando en que viviremos esas sensaciones, esa emoción, durante los años venideros.

Pero lo más bonito de todo es que, al final, todo lo anterior queda atado a la mayor promesa de Nintendo hasta la fecha para con Switch: el regreso del jugo que, desde VidaExtra, no dudamos en coronar como el mejor juego de la década. Nos referimos a la anunciada secuela de The Legend of Zelda: Breath of the Wild.

Porque la más reciente aventura de Link fue el embajador perfecto de Nintendo Switch, arropándola desde su lanzamiento y convirtiéndola con una sutileza magistral en esa consola -o esa maquinita como dirían los menos jóvenes- a la que nos rendimos durante horas, días y meses.

Sensaciones de aventura y descubrimiento que nos tocan desde dentro y hacia fuera y que difícilmente pueden ser replicados en otros sistemas.

Porque no se trata de gráficos, teraflops o FPS. Breath of the Wild es una delicia visual pero modesta en términos técnicos. pero también da continuidad a esa experiencia universal que resuena en cada uno de los juegos de Nintendo. Momentos tan especiales como que vivimos cabalgando en Ocarina of Time o navegando a través de las aguas de The Wind Waker y los hacen tan íntimos como atemporales.

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La secuela de Breath of the Wild no será el único arma con la que Nintendo Switch se enfrentará a lo que está por venir, sea a través de hardware o de juego en nube, pero si a ésta le sumamos una base de 50 millones de consolas repartidas a nivel global, se puede decir que Nintendo ya cuenta con una ventaja que nadie debe menospreciar. Ni este año, ni los que estamos por ver.

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